Relato Breve escrito por : Merche Postigo

Aquel verano a penas cumplidos los siete años, se presentaba diferente a los seis anteriores. Mis padres habían accedido a dejarme viajar a Barcelona. La hermana pequeña de mi madre, que había fijado su residencia en Barcelona después de su boda, se había comprometido a hacerse cargo de mí y de mis primos durante aquel verano. Mi deseo de ver el mar se iba a hacer realidad.

Por fin, llegó el día del viaje. Hacía mucho calor, el sol aplastaba. Le di un beso a mi madre y me senté en el asiento trasero del Seat de color amarillo descolorido, de mis tíos. Mi primo y mi prima ya estaban dentro del coche y me recibieron con grandes sonrisas. El calor era tan fuerte que al cabo de un tiempo mi precioso vestido, recién planchado, empezó a dar muestras de arrugamiento, lo estire
con las manos y me dispuse a disfrutar del viaje.

Mi tío, un hombre delgado, elegante y tranquilo que tenia un gran bigote negro que sobresalía bajo su enorme nariz, se sentó en el asiento del conductor. Mi tía, estaba muy nerviosa, no paraba de hablar con mi madre y de gritar a mi tío. Era tal la emoción que yo tenía, que me olvide de despedirme de mi padre. Al arrancar el coche le salude con la mano por la ventana trasera, mientras veía como se hacía más pequeño cuanto más me alejaba de él.

Me perdí la entrada en Barcelona. Dormida y cansada por el calor, me desperté en el garaje. Cuando subimos a la casa ya era de noche y solo pude ver las farolas de la calle. Me parecieron impresionantes. Estaban todas encendidas. La calle era grande. Tenía tres carriles y había una carretera elevada, justo enfrente de la ventana del salón de mis tíos. Se podían ver a las personas dentro de los coches que pasaban a gran velocidad. Todo era sorprendente y grande para mí.

Aquella primera noche en Barcelona apenas pude dormir. Deseaba tanto que amaneciera. Cuando vimos el sol a través de las rendijas de la persiana, los tres abrimos los ojos y saltamos de la cama. Yo, la más rapida, salí corriendo por el pasillo gritando “¿donde está la playa tía?”.¿dónde está el mar? – Mi tía me miro asombrada y sobresaltada por los gritos.

–        El mar está en la costa, nena.

–        Y ¿donde está la costa tía?

–        Lejos de aquí- me contesto sonriendo.

–        Pero… ¿cuánto de lejos?

Barcelona Mirando a la montaña

Barcelona mira a la montaña

Mi tía no me respondió a esta pregunta y continúo con sus tareas. Yo parada en la puerta de la cocina, no comprendí nada y me puse seria. La primera vez que podía ver el mar y no había. Me habían engañado todos. Barcelona no tenia mar. Volví a la habitación a dar la mala noticia a mis primos que ya se habían puesto sus bañadores. Ellos tampoco entendían porque en Barcelona no había playa. Salimos muy tristes de la habitación y nos dirigimos por el pasillo hasta el taller de mi tío. Este nos regaló con una amable sonrisa y calmó nuestra desazón. Nos explicó que la ciudad se extendía desde la montaña hasta la playa y que ellos vivían más cerca de la montaña que de la playa, y que por eso no veíamos el mar desde la casa, pero que al día siguiente, iríamos a dar un paseo por el puerto y podríamos ver el mar y los barcos y las gaviotas y no sé cuantas cosas más.

Al día siguiente nos levantamos temprano, al fin mis tíos habían accedido a llevarnos al puerto. Sería la tía, que sabía conducir, la encargada de enseñarnos todas las maravillas del puerto. A empujones entramos en el ascensor y a empujones y carreras, salimos del ascensor. La operación de salida del garaje fue un avance del resto del paseo. La tía enfiló la rampa con decisión, pero el coche se le paro al principio, la tía volvió a arrancar, pero se paró de nuevo y así otras tres veces más. Cada vez que esto sucedía mis primos y yo gritábamos asustados. La tía se puso seria y muy nerviosa y nos grito a los tres. Cerré los ojos y me mantuve en silencio todo el tiempo que duro la ascensión de la rampa del garaje. Mis primos tampoco gritaron. Cuando salimos a la calle y vimos el sol, todos, incluida mi tía, respiramos aliviados y nos incorporamos al tráfico de la ciudad.

Mirábamos absortos por la ventana viendo como pasaban los otros coches al lado nuestro. Hacíamos comentarios sobre las cosas que nos llamaban la atención, “el enorme parque, la plaza con palomas, la señora con sombrero ..”.Tan absortos estábamos que no vimos como ocurrió, pero la inercia del frenazo me lanzó hacia el cristal delantero (el bulto en la cabeza me duro el resto de las vacaciones). Li tía soltó una palabrota que no sé repetir y salió del coche como loca. Gritaba mucho y comenzó a insultar, a amenazar con las manos y hasta le dio con el bolso a un señor gordo que pasaba por allí. Cuando a mis primos y a mi, se nos fue el susto, nos pusimos a reír tanto y tan fuerte que hicimos enfadar a la tía aún más. Entonces nos mando entrar en el coche, después entró ella muy aireada y volvimos a casa.

Aquel domingo, mi tía nos llevó a Cerdañola a acompañar al tío que visitaba un cliente. “Por fin iré a la playa” pensé. Cuando estábamos en el coche, pregunté que cuanto faltaba para llegar al mar. Mi tía me mirp y contesto que Cerdañola era un pueblo del interior, que no tenía costa. “La muy mala“, pensé, “lo está haciendo a posta, me odia y no quiere llevarme al mar” , me hundí en el asiento y comencé a llorar. Nadie me hizo caso Empezaba a pensar que mi sueño no se cumpliría.

A la mañana siguiente me desperté decidida a plantar cara a mi tía.

–        Tía, ¿por qué no me quieres?

–        Pero nena, ¿que dices? – Respondió mi tía sorprendida

–        Llevo una semana en Barcelona y aun no me has enseñado el mar.

–        Pero nena. Tienes que entender que el tío y yo trabajamos mucho y no podemos ir a la playa.

–        Pues entonces ¿para qué me has traído aquí? – le grite enfadada.

Mi tía me miró amablemente y salió de la cocina. La seguí por el pasillo y vi como entraba en el taller con el tío. Apoyé mi oreja en la puerta y entonces di un salto de alegría. Comencé a llamar a mis primos a gritos. Estos salieron asustados al pasillo. No podía hablar, solo acertaba a pronunciar las palabras camping y playa, camping y playa. Mis primos se unieron a la fiesta y todos comenzamos todos a saltar y a reír por la casa. Mis tíos nos miraban desde la puerta sonriendo.

Aquel sábado salimos temprano de casa. El coche subió la rampa del garaje sin problemas. Al medio día, cuando el sol estaba en lo más alto, llegamos al camping. Había pinos, muchos pinos verdes, tiendas de campaña de muchos colores y caravanas blancas. Salté del coche y comencé a correr, dejándome llevar por el olfato. No sabía dónde estaba el mar, pero lo podía oler, era un olor diferente, un olor fresco con sabor a sal. Cuando sobrepasé la última caravana me quedé clavada en la arena. El mar era más grande y más azul de lo que había imaginado. Estaba tan feliz, que no me di cuenta cuando mi tía pasó su brazo por mi hombro y agachándose me dio un beso en la frente. La mire feliz y le di las gracias.

Upsss!

fin …

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