Relato Corto Escrito por : Merche Postigo __________________________________________________________

Lichtenstein

       Hola María. Si, soy yo, Alma, la mujer de Juan .¿Como estas?. espero que bien. Yo no tanto. ¿Tienes un momento ahora?. Estoy pasando un mal momento. No consigo entender que le pasa a Juan, se me escapa de las manos. Me parece que tiene una amante.

       Juan, no es como tu marido. Juan es esquivo, nunca te dice lo que piensa, ya sabes, lo da todo por sabido. Estoy muy desesperada y justo ahora, cuando yo más atención necesito. ¡He cumplido cuarenta!. Bueno tú ya me entiendes, el año pasado los cumpliste y además tuviste algún contratiempo con tu marido.

       Sabes lo peor. ¡no lo quiere admitir!. Cada vez que le interrogo, me mira y calla. Se ríe de mí.

       Cuando llega a casa, ¡siempre de noche!, me miente, que si tiene mucho trabajo, que si tuvo que remediar algún contratiempo. Excusas y mentiras. Esconde algo ¿Verdad?

       ¡No sabes la suerte que tienes!. Tú al menos eres feliz, tu marido te respeta, nunca te miente y siempre esta en casa cuando lo necesitas. Cierto es, que siendo funcionario tiene pocas obligaciones y puede dedicarte mas tiempo. EL caso es que Juan, dirigiendo la empresa de mi padre tiene más obligaciones. No, si yo no me quejo, gracias a Juan, la fabrica ha ido adelante y él solito ha levantado un imperio.

       María, ya sabes que confío mucho en ti. ¿Qué puedo hacer para desenmascararlo?. Estoy segura que la ve por las tardes. Quedaran en algún hotel de las afueras, se abrazaran con fuerza y se desfogaran hasta terminar extasiados. Juan siempre llega a casa tarde pero relajado.

       Tú también sales la ultima de la oficina, ¿verdad?. Como me gustaría tener que trabajar, como tu, y tener vida fuera de estas cuatro paredes. Seguro que tú también tienes algún amante escondido, siempre estas feliz y eso no es normal en los tiempos que vivimos.

       No le importa lo que ocurre en casa. Ni lo que hacen los niños. Me dice que esa es mi responsabilidad, que él, ya trabaja mucho.

       ¿Tú ves normal que yo tenga que llevar todo el peso de la casa?. ¿Sin ni una pizca de ayuda suya?. Me dice que para esas cosas están las chachas y la asistenta. Como si esas se enterasen de algo. Pues claro que si María, las chachas solo están para limpiar, y acompañar a los niños al colegio y cosas de esas, pero no para discutir de cosas importantes. ¿Qué entenderán ellas de lo que me pasa a mi? ellas entenderán sobre sus tonterías. Si la verdura es mejor cocerla con agua del grifo o no. Ellas no tienen conocimiento para esas cosas tan serias.

       Bueno, eso te pasara también a ti, pues tengo entendido que tienes una asistenta. Una colombiana “culona”, que solo viene algunas horas pero que te resuelve las cosillas de tu “casita”. ¡En fin! que supongo yo, que tu, no te confesaras con ella, que lo harás con tu marido. Pues yo no, según Juan tengo que confesarme con las chachas.

Botero

       No sabes que suerte tienes de que tu marido sea funcionario. No creo que tenga muchas oportunidades de coquetear con ninguna de sus compañeras, ¡con lo feas que son las funcionarias!. Sin embargo Juan, siempre de viaje, con reuniones, él si que tiene muchas oportunidades de conocer mujeres más interesantes que yo.

       ¿Sabes? el pasado viernes, me dijo que tenía que trabajar y se quedo en la ciudad. Sospeche algo enseguida, pues no llamó en todo el fin de semana y cuando volvió tenia la tez morena. Por cierto, ¿tú no fuiste a visitar a una amiga tuya enferma que vive en la playa?. ¿Qué tal se encuentra?

       Pues este fin de semana, otra vez se va, ahora con los ejecutivos de la empresa, a un hotel. Dice que van a hacer una “lluvia de ideas”. Menuda lluvia, seguro que la lluvia será de Wiski, se emborrachará y se liará con la primera perdida que este en el hotel de vacaciones. ¿Y yo?, yo en casa, con las chachas, aguantando las broncas de los niños. ¡Estoy tan harta María!.

       No sabes la suerte que tienes María. ¿Cómo. qué no eres María?.

       ¿Quién eres? !la chacha! 

       ¿Por Dios, se puede saber por qué no me lo has dicho antes? ¡llevo más de media hora hablando contigo.

       ¿Cómo dices?

       ¡Pero que descarada! — !tu me has dejado hablar!, para enterarte de todo.

       ¿A que vienen esas risas?

    ¿Que María no esta? ¿qué se ha ido fuera este fin de semana?

       ¿Cómo? Pero como se te ocurre difamar a mi marido.

       Pues yo creo que si, o ¿no es difamar el decir que mi marido esta con María en un hotel celebrando su aniversario?.

Les amants . Magritte

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