Relato Breve Escrito por : Merche Postigo

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El caserón de extramuros. Oleo 100 x 85 cm., 1944 Propiedad Familia Miraglia

Todos nacimos en el caserón. Fuimos tantos, que mi madre se quedo sin nombres y a los últimos los llamaron, Sexto, Séptimo y así hasta el Noveno. Nunca salimos del caserón. Solo conocíamos a los trabajadores que venían a hacer algún trabajo.

Andrés, el electricista, era el que más venia. Los fusibles del caserón eran tan viejos que se morían a menudo y Andrés acudía siempre a la llamada de mama. Margarita la costurera, venia cada semana. Era la más divertida. Tomaba las medidas a mama y cantaba al tiempo. A veces le escondíamos el dedal, pero ella lo encontraba. Mama vestía bien. Margarita le hacía vestidos amplios de colores suaves.

Mama no sabía cocinar. Antonia, venia todos los días temprano y preparaba los desayunos. Después cocinaba el almuerzo y nos contaba historias sobre los lugares donde se comían esos platos. Cuando le hacíamos enfadar, nos mandaba a la cochera. Nosotros corríamos fuera de la cocina muertos de risa.

Un día vino un señor con una cámara de fotos colgada al cuello. Era un tipo alto y delgado y llevaba un sombrero. Pensamos que era un periodista. Después mama nos dijo que había venido a gestionar las cuentas de la familia. Se quedo con nosotros. Lo veíamos salir por la mañana del cuarto de mama. Con los pies en puntillas se iba a su habitación. Un día, nuestra madre nos dijo que el señor del sombrero, se quedaba para siempre y que teníamos que llamarlo Tio Nemesio. A los mayores no nos importo, pero Sexto y Octavo se enfadaron tanto, que le rompieron el sombrero. Tío Nemesio les castigo. Cada día daban dos vueltas al jardín y después a la cama sin cenar. No tuvo compasión de ellos ni cuando sexto con más de cuarenta de fiebre se quedo dormido bajo la jacaranda del jardín.

Las cosas cambiaron mucho al poco tiempo de que el señor del sombrero se instalara a vivir en el caserón con mama y con nosotros.

Margarita dejo de venir y mama empezó a llevar vestidos más extravagantes. Tío Nemesio se los traía de la ciudad. Una vez trajo uno de seda, rojo, con grandes flores en los costados y muy ajustado. Nos gusto mucho a todos. Mama se lo puso para ir a la iglesia el domingo, pero a Don Eliseo no le pareció bien. Durante el sermón, comparó los colores con el pecado y al rojo con el demonio. El pueblo nos miraba y nosotros reíamos tanto que mama se enfado mucho y nos fuimos sin comulgar.

Antonia también empezó a poner excusas para no venir por el caserón. Que rabia nos producía ver que era mama la que entraba a preparar el desayuno. Una tarde, después del chocolate con bizcochos que Antonia había preparado, nos dijo “Mi marido quiere que cocine solo para él”. Nos quedamos sin cocinera y sin historias. Empezamos a comer pizza y hamburguesas, que tío Nemesio traía también de la ciudad.

Una mañana tío Nemesio y Andrés el electricista se enzarzaron en una discusión muy fuerte. Mama lloraba y el tío Nemesio despidió a Andrés. Durante una semana no hubo luz en el caserón. Todos estábamos tan disgustados que decidimos hacer algo para que el señor del sombrero saliera del caserón. Al día siguiente quemamos la cámara de fotos. Se enfado mucho y se marchó. Mama lloró algunos días.

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