Micro Relato escrito por : Pepe Marquina

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Soy incapaz de entenderlo. Llevo muchos días dándole vueltas a la cabeza y a la pinta de cerveza.

Todavía hay muchos que no se lo creen. Pero es verdad. Si resulta que hay médicos para perros a los que llamamos veterinarios, hay hospitales para perros, hay tiendas que venden comida para perros, hay centros donde llevas el perro cuando te vas de vacaciones o porque ya no quieres volver a verlo, hay tiendas de ropa para perros, hay pequeñas calefacciones para perros dentro de su casita, hay aire acondicionado para la caseta del perro en épocas de altas temperaturas, hay casitas muy pequeñitas,  que se alojan dentro de la caseta del perro, para que duerman en ellas las pulgas, no pasen frío en invierno y no molesten al perro, después de dicho todo esto, ¿cómo es que nos cuesta creer que un dueño puede ir con su perro a un bar y pedir una pinta de cerveza para el propio dueño y otra pinta de cerveza para su perro?

¿Es que hay algo de malo en ello? Cada uno bebe su cerveza en un recipiente distinto. Los dos son felices. Los dos comen una tapita. ¿Qué como la elige el perro? Le muestran cinco tipos distintos sobre un mostrador de cristal. Aquella tapa a la que dirige sus ojos con más intensidad, esa es la que más le gusta y se la pide su dueño. ¿Qué como miden la intensidad de la mirada del perro sobre su tapa preferida? El bar ha instalado un aparatito muy complejo, que han traído de Alemania, que se conecta por medio de un electrodo sobre el dueño, perdón sobre el perro de turno,  y la elección es exacta. ¿Qué si son caras las tapas para el perro? Hay que pensar que todo lo que viene de Alemania, de una forma u otra, nos sale caro.

A modo de resumen: la crisis, en España,  es para todos los humanos, pero sólo para algunos perros.

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