Micro Relato escrito por : Pepe Marquina

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entrenador Era un sábado por la mañana. Hacía mucho frío. Al pasar por un campo de fútbol observé que estaban jugando dos equipos. Eran niños de ocho años.

La mayoría llevaban guantes, algunos chándals y dos de ellos usaban un gorro, que de vez en cuando se lo colocaba la mamá.

Estuve un ratito viendo el partido. Cada padre gritaba a su hijo y le daba las instrucciones oportunas para meter gol o hacer todo lo posible para que no se lo metieran. La cantidad de órdenes que se oían en el campo eran las mismas que número de jugadores había jugando. Por supuesto los padres de los porteros también animaban a su niño, cuando hacía una buena parada o cuando encajaba un gol.

Ante la marabunda presenciada, tímidamente le pregunté a un padre silencioso, su hijo era reserva, que si no había entrenadores. En silencio me contestó señalando con su índice los banquillos. Allí, en el lateral de un banquillo, había un señor sentado, con los brazos cruzados, y encima de él, sobre una tabla había una inscripción que decía: “ENTRENADOR”.

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