Relato Breve escrito por Merche Postigo

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Un domingo másEra domingo, me había levantado tarde y me sentía cansada. La noche anterior no terminó bien y había dormido en el sofá. Salí a la cocina y me preparé un café, lo acompañe con unos restos de magdalenas que descansaban en el cuenco de la fruta. ¿Qué podía hacer? Estaba harta de la situación, pero no sabía cómo resolverla. No quería continuar la discusión de la noche pasada. Intuía que tan pronto como apareciese por la puerta de la cocina comenzaríamos a reñir de nuevo. Pensé en ponerme a cocinar, le prepararía algo que a él le gustase y estaría ocupada cocinando. Eso me proporcionaría tiempo para sortear sus provocaciones. 

Abrí la nevera. Quedaban restos del bacalao del jueves Santo. Encontré patatas y un par de puerros perdidos en la bandeja de las verduras, un ajo, flácido pero servible, me saludó antes de cerrar la nevera. “Perfecto, suficiente para una purrusalda”.

– ¿Qué coño haces? Huele que apesta a ajo.

Mi marido acababa de asomar la cabeza por la puerta de la cocina y sus primeras palabras no habían sido buenos días. Empezábamos mal el domingo.

– ¿Dónde están las magdalenas?! Que egoísta eres!, te las has comido todas y me has dejado en ayunas. Tendrás que bajar a la calle a comprar más.

Seguí con mi purrusalda sin volver la cabeza. No quería verle la cara. Corté y lavé despacio los puerros, es muy desagradable encontrar restos de tierra escondida entre las capas. Él se acercó al fregadero, llenó un vaso de agua en el grifo, me sonrió mientras bebía. Lo miré con miedo y oculté el cuchillo tras la espalda. 

– ¿Vamos a hacer algo este maldito domingo, o lo pasamos en casa como de costumbre? – me dijo mientras dejaba el vaso en la encimera

– Yo estoy cocinando. Puedes ayudarme si quieres.

– ¿Estás tonta o qué?

– Pásame las patatas -Le dije con prudencia.  Mi marido se interponía en el camino de la patata y yo lo necesitaba para continuar con mi cocina.

– Quieres hacerme daño, disfrutas viéndome sufrir. – Me dijo bastante cabreado.

No me sorprendió su respuesta, pero hoy había decidido no contestarle. Continúe con mi purrusalda, lo ignoré, como si no estuviera

– Joder ¿Qué pasa que no contestas?, ¿ayer te pasaste con el alcohol? 

– Yo, no bebí.  -Le dije bajando la mirada

– Qué pasa ¿ahora yo soy el alcohólico y tú la santa?  – me contestó mientras salía de la cocina rascándose la barriga.

Seguí cocinando. Puse en la cazuela los puerros, cortados muy finos, como le gustan a él. Lavé bien las patatas, las corté pequeñas y las puse en la cazuela con agua caliente para iniciar la cocción.

– ¡Joder!Cuántas veces tengo que decirte que no abras el grifo cuando estoy en la ducha. ¿Eres tonta? – me gritó desde la puerta de la cocina.

Me asustó, no lo esperaba, la cuchara de madera, manchada de puerros, saltó por los aires, cayó al suelo y al rebotar me golpeo en la espinilla. Me agaché para recogerla y al incorporarme su mano me golpeó en la cara. Me dolió, pero no le dí importancia, no quería provocarlo más.

– A veces tengo dudas de que seas normal-me dijo mientras se aseguraba de que el grifo del agua estaba bien cerrado.

– Discúlpame, no me he dado cuenta – Le dije mientras me protegía la cara con los brazos.

– Realmente eres boba, te mereces todo lo que te pasa.

– Ahora puedes lavarte, mientras tanto, yo bajaré a la tienda a comprar las magdalenas. – Le dije para calmarlo.

Había olvidado poner a cocer el bacalao y eso me iba a trastocar todo. Me enfurecí conmigo misma por ser tan estúpida. Me había distraído con la bronca. Cogí una olla, la llené de agua, coloqué dentro los trozos del bacalao y dejé que el fuego hiciera su cometido. Decidí prepararme otro café. Apareció por la puerta, como una furia, me quedé paralizada. Había abierto el grifo de nuevo “¡Que estúpida!” Se acercó a la encimera, cogió la cafetera y, sin darme tiempo a reaccionar, me la estampó en la cabeza.

Cuando me desperté en el hospital, habían pasado varias horas, mi marido sujetaba mi mano mientras el doctor le decía: “ha tenido mucha suerte, podría haber sido mortal. Las ollas a presión son muy peligrosas”.

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A cenar….

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