Micro Relato escrito por Pepe Marquina

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Qué lejos están aquellos versos, quizás de Fray Luis de León, que decían: “Qué descansada vida, la del que huye del mundanal ruido, y escoge la senda de los pocos sabios que en el mundo han sido…”

Estamos inmersos en el ruido. Y en el verano más todavía. En la ciudad, en la playa, en casi todos los sitios.
Se combate con el insomnio, con trastornos vasculares, con problemas de aprendizaje, fallos de memoria, etc. Pero a veces se combate con violencia.

Recientemente un vecino utilizó su escopeta cargada de perdigones contra unas cuantas personas que elevaron en exceso los decibelios de la comunicación entre ellos. Consiguió un silencio prolongado.

Hace mucho tiempo fue noticia un veterinario, que cogía manzanilla en la sierra de Madrid, y el ruido de un helicóptero le molestaba porque no le permitía coger tan digestiva planta con la máxima concentración. Cogió una piedra, y abusando de su buena puntería, hizo que el helicóptero tomara tierra ipso facto. El ruido dejó molestar.

Tengo un problema y voy a solucionarlo: no puedo escribir porque está funcionando la aspiradora de la vecina.

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