Relato breve escrito por Mary Carmen

     La despedidaYo antes miraba. Lo primero que hacía era fijarme en el color de las sábanas porque su color condicionaba todo mi día. Me gustaban las sábanas blancas que auguraban un día de luz y de encuentro. También, antes, besaba. Era lo segundo que hacía, acariciaba con mis labios el tacto de seda de la lencería de Laura. Me detenía en la suavidad de su ropa y de su piel. Antes hablaba, salpicaba de palabras las mañanas y escuchaba atentamente los secretos ocultos del corazón de Laura.

     Pero, un día, de pronto, sentí un vacío intenso. Me sentí extraño porque dejé de ver la silueta de Laura y el blanco de las sábanas ya no me sobrecogía. Sin quererlo, me quedé sin voz, mudo en mis palabras. Más tarde, lo constaté, no tenía ojos para perderme en la mirada ámbar de Laura, ni nariz para percibir su olor a lavanda, ni oídos para hacer mías sus palabras. Perdí, también, los labios con los que, al despertar, besaba su piel azucarada. Descubrí en mí la tristeza infinita, del que tiene la certeza de que ya no vive habitado y se siente solo. 

     Mi vida se ha llenado de dificultades que me obligan a dar a todo una perspectiva distinta. Ahora, ya no tengo prisa por levantarme para poder ver la luminosidad del día reflejada en el pelo caoba de Laura, tampoco puedo percibir la caricia de sus besos sobre mi boca, y he olvidado el olor a colonia de su nuca templada.

     Laura se marchó una mañana de despedida clara. Se fue precipitadamente porque, según ella, no soportaba la idea de que yo ya no pudiera besarla. Eso, al menos, fue lo que dijo.

     No la culpo. Ahora la comprendo. Yo solo puedo ofrecerle un futuro incierto de almohadas blancas.

Fin ________________________

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