Relato Breve escrito por Mary Carmen

El niño insomne     El  niño que no duerme se asoma todas las noches a la ventana para comprobar que la luna no le falla y que está ahí para iluminar su habitación. Cuando la descubre, bien entre las nubes, o majestuosa y única en el firmamento, sonríe. Pero esto ocurre muy pocas veces porque el niño nada sabe de ciclos lunares ni de caprichos climatológicos.

     Al principio fue un niño normal, al menos eso le decían todos, comía y dormía sin ningún problema. Sin embargo, de pronto, se dieron cuenta, y él también, de que no podía cerrar los ojos. Cuando llegaba la noche y la oscuridad invadía la casa, él, entre las sábanas, intentaba dejar de ver pero, ahí estaban, estampados en la funda del edredón, su pirata favorito y el gran barco de velas surcando olas de tergal y hasta la cara amigable de un tiburón bueno, con los que vivía cada noche una aventura distinta. Los doctores dijeron que no debía haber ninguna luz que distrajera su descanso e incluso le compraron un antifaz y el niño que no dormía cuando se lo puso para tapar sus ojos quiso ser un héroe.

     El niño, cuando era pequeño, más pequeño que ahora, se acostaba en una habitación llena de cajas, muebles rotos y polvo blanco. Había veces que unos brazos le acunaban con tanta intensidad que al niño se le clavaban las uñas que le dejaban marcas negras en toda la piel. A veces, cuando no duerme, mira el océano de su edredón y el agua le recuerda vagamente una mirada vidriosa, llena de espuma, de los ojos rojos de una mujer que no recuerda muy bien quién fue. Las noches en que no hay luna, en la oscuridad, siente que todo da vueltas a su alrededor como cuando la señora de los ojos rojos le zarandeaba con brusquedad y él chocaba contra los barrotes de su cuna.

     En su cama marina y con su antifaz de pirata, el niño que no duerme, ya no llama a su madre para que le cuente otra vez la historia del bebé que llegó envuelto en una manta de ositos, en un coche azul, con luces de colores y sirenas a casa. Ahora, desde que es un héroe y tiene su propia cama, ya no duerme, se pasea por la habitación y se asoma a la ventana para ver la luna.  

     Al principio de su llegada, el abrazo cálido de la madre le hacía dormir casi al instante. Pero, después, un día, la mirada de su madre se volvió opaca y triste, y el niño dejó de tener sueño. Ocurrió de repente, el niño se acuerda bien, los ojos de su madre perdieron el brillo y él no pudo dormir más. Fue la mañana que, al volver del colegio, se encontraron en casa con la señora rubia. El niño la conocía bien, era la mujer que venía a visitarlo a veces, siempre traía una carpeta bajo el brazo y cuando hablaba con él se ponía unas gafas doradas. Le preguntaba muchas cosas y después le daba caramelos de papel brillante. La señora también hablaba con su padre, pero el niño no sabía qué se contaban porque se encerraban durante mucho tiempo en la habitación mientras él veía dibujos en la tele. Pero desde que su mamá y él se encontraron aquella mañana a la señora rubia de la carpeta en su casa él ya no la ha vuelto a ver, tampoco a su padre.

     Ahora él, que es un héroe con antifaz y que nunca duerme, ha ideado un plan con la ayuda de su amigo el pirata del edredón, buscará a su padre por mar y tierra y lo traerá de nuevo a casa para que se vuelva alegre la mirada de su madre y él, por las noches, pueda cerrar los ojos y, como todos los niños, aunque no sean héroes, pueda dormir y… pueda soñar.

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