Relato breve escrito por Mary  Carmen

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     Sólo fumo cuando sueño. Nunca lo cuento pero, al despertar, lo primero que hago es lavarme los dientes para que el olor a nicotina no me delate.

     Al principio no necesitaba ocultarlo. Compartía caladas con Rubén en la puerta de la empresa, el humo me envolvía en un halo de misterio que me protegía como una coraza. Los cigarrillos siempre me han relajado. Por eso me fumé uno antes de la entrevista para el ascenso y otro después de acostarme con el jefe. Y, por eso, al principio no entendí que le dieran a Rubén el puesto y el coche de empresa. Tardé en encajar el golpe. Pero Rubén desde siempre ha sido muy comprensivo conmigo, nos conocemos desde la universidad. Cuando me dieron el premio extraordinario de carrera, ahí estaba Rubén, llamando a la puerta de mi piso con una botella de champán para celebrarlo en cuanto se enteró. Así que, en el momento que pudo, me reclamó como su asistente personal para trabajar a su lado. Era una gran oportunidad y todo un gesto por su parte. Acepté. Compartimos el despacho, los secretos de la empresa y alguna vez la cama. 

     El tiempo que trabajé con Rubén aprendí mucho de él. Una vez incluso me permitió presentar a los accionistas uno de mis proyectos. Lo firmé con su nombre. Era lo más conveniente si queríamos que, de verdad, saliese adelante.

     Ahora fumo solo cuando sueño y Rubén no lo sabe. Un día llegué a la oficina y me encontré mi mesa llena de rosas, un montón de rosas y una propuesta de matrimonio. Después nacieron los niños y llegaron más rosas. Tuve que dejar de ir a la oficina, es mejor trabajar desde casa. Ahora no firmo mis trabajos porque, claro, ya no pertenezco a la empresa, pero Rubén sí. Los días que llega pronto a casa, repasamos juntos la contabilidad y hablamos de las cotizaciones de Bolsa, él me escucha con veneración. Otras veces, cuando vuelve tarde y cansado, le subo la cena a la habitación y compruebo que tiene todo listo para el día siguiente. Mientras cena me cuenta lo importante que es que cuide bien de la familia, de la casa y que, sin duda, lo fundamental es que yo me sienta feliz.  Continuamente estamos haciendo planes, que si ir de compras para tener ropa bonita, a Rubén le gusta verme siempre guapa, o salir a cenar o, incluso, hacer algún viaje. Pero él siempre anda muy justo de tiempo y, por eso, lo mejor, desde luego, es quedarnos tranquilos en casa.

     Rubén no sabe que fumo, aunque sea en sueños, porque si lo supiera intentaría, con razón, que me corrigiera. Con él aprendo mucho. Ahora sé que debo ser una buena madre y una buena esposa. Es evidente que fumar es un mal hábito, muy nocivo para la salud. Rubén cuando fumo y lo descubre apaga los cigarrillos sobre la piel de mi vientre para recordarme que soy madre y debo cuidarme.

     Sé que no debo pero cuando sueño fumo. Y, hasta hay veces que, en mis sueños, salgo de compras con mis amigas o me reúno con los antiguos compañeros de la oficina. Incluso, en alguna ocasión, me atrevo y sonrío un poco.mujer triste

FIN …

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