Reseña del relato breve de Raymond Carver “La calma”

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La Calma de Raymond Carver

Tal y como dijo R. Carver  (I) “El relato corto me enganchó de tal manera que no hubiera podido librarme de él aunque hubiera querido. Y no quise” Así me sucedió a mí. Cuando leí por primera vez un cuento de Carver, no pude parar de leer.  Me enamoré de la agilidad con la que fluían las palabras, me despertó la curiosidad sus primeras frases, simplemente me gustó el sentido de la belleza tan cotidiana con la que representaba a sus personajes y sus escenas, y sobre todo me hipnotizaron  sus inesperados finales.

La primera vez que leí el relato (II)La calma no sabía que estaba leyendo la versión del libro de relatos “Principiantes” que el editor Lish había desechado. Este relato me atrajo por la dureza en la descripción de una escena de caza, que contrastaba con la delicadeza que mantenía el peluquero al tratar al cliente (narrador)  sentado en el sillón de la barbería de un pueblo perdido en EEUU. Me fascinó la facilidad con la que Carver narraba de forma tan atractiva una escena de lo más común: una conversación de barbería con unos personajes de pueblo y aparentemente muy comunes.

Unos meses más tarde descubrí la otra versión del mismo relato, la que publicó su editor en el libro de relatos “De que hablamos cuando hablamos de amor” Enseguida noté la diferencia, faltaba algo. El relato era más suave, menos cruel. Las escenas de la caza eran menos brutales y sobre todo descubrí que en esta versión el narrador no se adentraba en la vida miserable de sus personajes.

La diferencia más significativa y la que más me llamó la atención fue la historia del viejo que fuma. Un enfermo de cáncer resignado, que se mantiene todo el relato en silencio y fumando y que cuando decide hablar, rompe con la armonía que había reinado en la peluquería de forma inesperada, generando un conflicto que hace que lector quiera continuar leyendo en espera de lo que está por suceder, para que finalmente descubra la amarga realidad que envuelve a este personaje y que lo hace parecer protagonista por un instante.

Extracto del Relato “LA CALMA” de Raymond Carver – del Libro de relatos “Principiantes” – Traducción al castellano de Jesús Zulaika

Volví a mirar a aquel hombre. Aún recuerdo aquellas palabras. El hombre mayor había estado todo el tiempo escuchando, observando con atención cómo contaba su historia el guarda, que disfrutaba cumplidamente con su protagonismo. -Pero ¿le siguió el rastro? -preguntó el hombre  mayor, aunque no era realmente una pregunta.”

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“El hombre mayor apagó su cigarrillo y se volvió a Charles, el guarda. Respiró con fuerza y dijo: -Debería estar en la barranca buscando a ese ciervo en lugar de aquí sentado  esperando  a que le corten  el pelo. Vaya historia de mierda. -Nadie dijo nada. Una expresión de asombro cruzó el semblante del guarda. Parpadeó- No le conozco y no quiero conocerle, pero creo que ni a usted ni a su padre ni a ese chico deberían permitirles andar por esos bosques con los otros cazadores

Esta maravillosa escena, fue eliminada por Lish (el editor de Carver) en la versión de “De que hablamos cuando hablamos de amor”. Linch la guillotina, dejando la escena en algo anecdótico, haciendo parecer al viejo fumador como un personaje anodino, sin fuerza.

Extracto del Relato: “LA CALMA” – Raymond Carver – incluido en el libro de relatos “De que hablamos cuando hablamos de amor” Traducción libre al Castellano de: Merche Postigo

“¿Pero lo seguiste?” preguntó el hombre viejo, aunque no era realmente una pregunta.”

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El viejo dejó su cigarrillo y se volvió hacia el guarda. Respiró y dijo, “Deberías estar ahí fuera ahora buscando a ese ciervo en lugar de estar aquí cortándote el pelo””

Lish privó al lector del sucio dramatismo que Carver quería dar a ese ser vulgar, el hombre viejo al que nadie prestaba atención.


(I) Frase extraída del libro “Sin Heroísmos, por favor” de Raymond Carver. Traducido al español por Jaime Priede.
(II) Relato breve de Raymond Carver. Traducido al español por Jesús Zulaika, incluido en el libro de relatos “principiantes” …
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