.

La BeneficienciaComo todos los sábados, hoy fui al supermercado.

Y allí estaba él, el hombre que me preguntó si creía en Dios.  En la calle, al lado de la puerta del super. Sus pequeños ojos, miraban con suciedad a los de un empleado del supermercado.

Cuando traspasé la puerta del super, me sorprendieron tres jóvenes bien peinadas de vaqueros recién lavados en la entrada. Sus sonrisas, limpias, pedían comida para los pobres. Que loable misión, pensé.

Todos los clientes del supermercado se afanaban a entregar a las saludables jóvenes sus bolsas con la comida que habían comprado para los pobres. Me emocioné. 

Cuando salí a la calle, esquivando a las jóvenes misioneras del hambre, me encontré de nuevo con el hombre que me preguntó si creía en Dios. Seguía en la puerta, casi desnudo, sucio y sonriente. Ahora discutía con el empleado del supermercado,.

– Que te he dicho que te marches!… gritaba el encargado del supermercado.

– Pero hombre… farfullaba él, expulsando el aire, mezclado con saliva, entre los huecos de sus dientes.

– Vete. Aquí no hay nada para ti – le espetó el encargado del super.

Miré a las jóvenes, ajenas a la escena, afanadas en su humanitaria tarea, después le  mire a él y pensé en la beneficencia.

.

Suelto escrito por Merche Postigo

Anuncios