Relato Breve escrito por Mary Carmen

(Relato libre basado en Aura de Carlos Fuentes)

auraTodo era verde con reflejos de alga. La esperé impaciente junto a la puerta de mi habitación.

Apenas podía creer mi suerte. La conocí la misma tarde que llegué a la casa, hablaba muy bajito con un rumor de agua y sonreía a intervalos fugaces y apenas me miraba. Eso pasó más tarde con las pastas y el té, de un verde casi tan intenso como el de sus ojos. Cuando dejó caer la cucharilla sobre el plato y llevó la taza hasta sus labios sentí en mi alma su beso de espuma. Mientras que la noche apagaba la tarde ella, entre susurros, me contó su vida con su anciana tía Consuelo y las heroicidades del tío muerto. Escribe sobre él pero no te olvides de inventar también mi muerte”me dijo. No tuve tiempo para el desconcierto, su belleza embotaba mis sentidos. Ella y su talle de junco. El eco de su voz en mi pensamiento aniquilaba sin compasión mi voluntad y proyectaba indeleble en mí sus sueños. Ahí estaba yo, absolutamente perplejo, en medio de una habitación anacrónica para relatar las aventuras de un héroe muerto. Sentado frente a ella apenas podía sostener en mi mano el cuaderno donde iba a anotar los hechos más relevantes para mi crónica. Mi tía Consuelo murió por error” dijo a media voz. Pero a esas horas de la charla yo no prestaba atención a sus palabras, me fijaba en el contoneo de su pie bajo su falda, una falda larga con pliegues de terciopelo, de una tonalidad hierba, que constrataba con el color vino de sus labios sonrientes llenos de promesas. Deseé que el tiempo se detuviese y nadie interrumpiera la privacidad de ese momento. No recuerdo bien qué pregunté, tampoco me interesaba demasaido saber quién era ese coronel Llorente cuya vida debía relatar. Me impactó su mano leve invitándome a levantarme para ir a la mesa para cenar. Todo estaba dispuesto para los tres. “Oh, disculpa, mi tía no nos acompañará “–comentó. Y yo sentí la felicidad infinita del niño que duerme por primera vez en casa de su mejor amigo. Frente a frente, tan sólo separados por una mesa y por un montón de copas de cristal, le declaré mi amor. Toda mi existencia pendía, desde ese instante, de estar con ella, rozar su piel de azúcar y besar su boca roja. Rio alegre y me prometió, sin temor ni dudas, una noche de placer y entrega. Pero, sólo si registras mi muerte en tu crónica” -añadió.

Aquella noche la esperé impaciente junto a la puerta de mi habitación. Llegó con la misma falda larga de terciopelo color césped. La oscuridad era completa, se acercó muy despacio y me saludó con un beso de menta en los labios. Todo lo demás es confuso y apenas lo recuerdo. Tan sólo unos brazos encadenándose a mí, al principio como un abrazo de mar, después con la intensidad de unas lianas que me impedían respirar. Dejé de notar la suavidad de hoja en su piel que percibía cada instante más porosa, y mis manos se replegaron ante la fragilidad de un cuerpo que parecía romperse. Retiré despacio el pelo de su cara para perderme de nuevo en su iris verde. Pero no pude encontrar el reflejo de clorofila que anhelaba porque, cuando vi reflejados en el espejo del viejo armario los ojos que buscaba, la realidad me paralizó. En la cama, junto a mí, estaba la anciana tía Consuelo con la mirada perdida y una sonrisa de hielo en su rostro. Ahora inventarás mi muerte, historiador” dijo la anciana del té verde en las pupilas.

Ayer leí en el periódico una esquela sobre de la extraña muerte de Doña Consuelo, viuda de un general. No tenía herederos, tan sólo se hablaba de una posible sobrina, llamada Aura, de la que se desconocía por completo su paradero.

Desde hoy volveré a retomar mis clases de historia porque sé, con toda certeza, que jamás podré escribir la biografía del coronel Llorente. Pero, hay ratos perdidos, en mi mente y en mi tiempo, en los que aún le doy vueltas a aquella crónica y fantaseo sobre qué muerte inventar para la joven de alga a la que amé una tarde.

Cuando estoy a solas y nadie me ve, miro a través del vidrio verde de alguna botella para teñir de color musgo todo lo que me rodea.

en verde

Fin…

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