Relato Breve escrito por Merche Postigo

Monos luchando

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Son las seis de la tarde, siento como la sangre calienta mi galope, con valentía va peinando mis crines. La fuerza me llega a las manos y rozo con deseo el teclado, busco la primera letra, ella me ve y se aproxima con determinación, comienzo a trotar.

“….. Pertenezco a la nada cabalgando en la bestia negra y siento tu ausencia.

Contemplo a través de los ojos cerrados la ciudad que me devuelve la oscuridad de las farolas y siento tu ausencia

Muero en mi noche y la ciudad se entrecruza en líneas azules de luz aclamando al sol y siento tu ausencia.

Despierto muerta con la calidez del sol sintiéndome viva y siento tu ausencia……”

Los malditos ruidos de los mandriles del piso de encima me despiertan del ensueño poético. Abandonado por Bécquer, descuido mi desamor y cabalgando en el caballo negro de la desesperación abro el Facebook. Necesito saborear la brutalidad antes de continuar con el verso. Ya son más de dos meses que trabajo en el mismo poema. Intento traer a mi ordenador las palabras justas, el verbo de mis sentimientos Pero hasta el momento solo he conseguido un golpe en la rodilla, que me duele hasta el mareo.

Los desarraigados macacos asociales del piso de arriba continúan demostrando la falta de adiestramiento a la que sus padres les están sometiendo. Sueño con su huida, saboreo su ausencia. Pero el sueño dura dos patadas de balón y un aullido desgarrador. Los chimpancés, que están criando en el piso de encima, han comenzado a ejercitarse en el arte del fútbol-coco y encerrados en su habitación cocean los cocos desde las palmeras, con gran regocijo de la tribu. La imagen de arte unida a un mandril me seduce por su alejamiento. Mi mente abandona la calidez de tu ausencia y da inicio una absurda idea; obsequiar a los gorilas superiores con juguetes silenciosos. Un caballete de pintor. O quizás un libro. O mejor… Un nuevo alarido de los monos descabalga la imaginación y concluyo en que todos los posibles silencios en forma de juguete serian inútiles.

A las siete aprovecho una tregua de los “medio-humanos” y agazapado detrás de la pantalla del ordenador, continúo esbozando mi poesía.

“……Me abandono al deseo, palpo el calor oscuro con la claridad de la luna impregnando mi estancia y siento tu abandono.

Discurro en el rio de la imaginación vacía y siento tu ausencia…..!

SupermanfumadorEl estruendo musical del timbre de la puerta me despierta de mi ensoñación poética. Respiro profundo y recuerdo a Becquer cabreado “Alguien va sembrando el mal para que yo lo recoja…”[1]. Abandono todo deseo de perpetuación poética y abro la puerta. El azul me deslumbra y el humo me nubla. El vecino del piso de arriba, vestido de “Superman fumador”, con una sonrisa punzante, me invita a unirme al tercer cumpleaños de sus dos macacos. La ternura de su ceño borra de mi mente todo deseo de venganza. Subo las escaleras al galope y pienso en los años que aún me quedan para notar tu ausencia.


[1] Rimas de Bécquer- “Mi vida es un erial, flor que toco se deshoja, que en mi camino fatal alguien va sembrando el mal para que yo lo recoja”

Fin..

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