Relato Corto escrito por Merche Postigo

Fernando Botero. La toiletteJeny tenía un nuevo contacto en su teléfono móvil. Un número desconocido.

Aburrida de no ser querida, asqueada por no ser amada, Jeny vivía convencida de que nadie la valoraba. Ella estaba siempre ahí. Disponible, disponible para todo y para todos. Resolvía dudas y ofrecía favores. Pero no la amaban. Y ella quería ser amada. No deseaba ser querida por su gran capacidad resolutiva. Jeny siempre ayudaba a resolver los problemas de otros. Era muy querida por sus aportaciones constantes a los servicios de la comunidad. Pero ella quería, necesitaba y anhelaba ser amada por esas otras cosas que tenía. Quería se amada por ese enorme culo que la precedía. Jeny tenía las posaderas más grandes de la comunidad. Unas posaderas que le permitían sentarse siempre bien equilibrada. Tan confortable. Jeny también deseaba que la amasen por sus cortas piernas. Esas dos cositas tan ligeras que se activaban en los paseos,  dejando al descubierto su enorme culo y que permitían a Jeny ser la primera en llegar y en encontrar al menos dos asientos libres donde apoyar su culo con elegante equilibrio.

Por fin Jeny tenía lo que quería. Ella y él lo compartían todo en sus mensajes. Fotografías, piropos, imágenes de ánimo, te quiero y muchas otras cosas. Ella le enviaba, cada mañana, una foto diferente. Fotos de sus cortas piernas y fotos de su gran culo. Le gustaba acompañar las fotos con rimas. Él, la compensaba con cuidadas fotografías de su signo de identidad. !Como disfrutaba contemplándolas!. A veces esa seña de identidad, era grande, a veces tenía tonos rosados o morados, según el filtro. A veces estaba en reposo y otras en plena acción. Pero todas eran suyas y a Jeny le gustaban. Por fin había alguien que la amaba por sus cortas piernas. Estaba feliz, muy feliz.. Conocía casi todo del nuevo número y sabía que él la amaba. Se lo había dicho en muchas conversaciones. Y ella le creía. ¿Por qué iba a mentir?. Aunque no conocía el rostro de su amante. Ese detalle era insignificante.  Él había llegado a ella por propia voluntad, Nadie lo había forzado a aparecer.

Aquella mañana de Marzo, había empezado lloviendo, pero Jeny, emocionada, se enfundó el vestido verde. Con regocijo apreció en el espejo que sus cortas piernas quedaban al descubierto y que su enorme culo destacaba enmarcado en verde, digno de admiración. Se adentró en los túneles del metro, decidida, con la mirada perdida en el futuro y la imaginación desbocada, Apenas hubo apoyado el trasero en dos asientos el metro llegó a la plaza. No llovía y una luz azul iluminaba lo poco que restaba de la mañana. Jeny miró en todas las direcciones que abarcaban la plaza, pero no pudo verlo todo. Se lamentó, por primera vez, del corto tamaño de sus cortas piernas. Se aproximó a la fuente. Alzó, no sin dificultad y con gran esfuerzo, su enorme culo y se encaramó en el bordillo de la fuente. Ahora tenía mejor visión. Sabía que él estaba en la plaza mirándola. El mensaje lo decía muy claro. “Estoy aquí”. Jeny lanzó la mirada todo lo que daba de si su cuerpo y miró a la izquierda y después a la derecha, pero no lo reconoció. Su amante estaba ahí, pero no tenía rostro. Jeny sonrió, Su enorme culo y sus cortas piernas la delataban. Su amante reconoció esos rasgos. De pie, manteniendo el equilibrio en el zócalo de la fuente, Jeny miró furtivamente la última fotografía, alzó la vista y sonrió al joven que le extendía la mano. Él le ayudó a comprender lo más profundo del significado de la palabra amor. Un amor muy grande.

Pareja Bailando-Fernando Botero

 

Fin…

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