Suelto escrito por Pepe Marquina

Fue en el centro de la ciudad.

Después de unas cañas bebidas, obligado es para cada cual expulsarlas vía urinaria.

Una señora me llevó casi de la mano hasta el servicio. “El de caballeros -me dijo- no funciona”. “Además, como ve usted, no tiene puerta”. En efecto, no tenía puerta, por tanto entré en el de señoras.

Era tan pequeño que entrar fue una odisea. Si entraba yo, la puerta no la podía cerrar. Si estaba la puerta abierta me verían los próximos necesitados de evacuación.

No voy a contar cómo conseguí un poquito de intimidad. Pero la conseguí. Di rienda suelta y mi vejiga comenzó a vaciarse. Qué sensación de bienestar. A mitad de vaciado me fijé en la mucha luz que inundaba el pequeño habitáculo. Había una hermosa ventana, abierta por supuesto. Todo daba a un gran patio interior. Había muchas ventanas, muchas.

De pronto vi, apostados sobre dichas ventanas, los objetivos de varias cámaras que alguien manejaba.

Fin…