Segundo Relato de la serie “Contagios” Escrito por Lucía Dalmau

Mujer con perro

 

 ¿QUÉ SE YO QUÉ ES EL AMOR O SI TE QUIERO O NO?.No me mires con esa cara de perrito abandonado. No lo sé. Fuera. Cada vez que te acercas, la inercia me lanza sobre ti. Aire ¿No era lo que querías mientras corrías en el parque huyendo de mí para que no te encontrara? Pero te has asustado ¿Verdad? Y me has encontrado persiguiendo tu prodigioso olfato en el escondite donde nos conocimos, detrás de este árbol desnudo. ¿Lo recuerdas? Ese día luché por ti entre todas esas mujeres que revoloteaban a tu alrededor. Todavía no sé por qué yo. Supongo que te oliste que era una presa fácil.

Tengo que reconocer que tu mirada triste me conquistó; tu resistencia inicial, me enamoró. -Vente a vivir conmigo- Te dije. Cuando entraste por la puerta a base de pequeños empujones, te apoderaste completamente de mí: Si tenías hambre, te acompañaba en tus desayunos a media tarde; si estabas triste, lloraba y si estabas enfermo, pillaba tus virus también. Me contagiaste cada uno de tus estados, pero, entiéndeme….Yo no puedo más con esta adrenalina traduciendo cada uno de tus gestos para convertirlos en míos. Míranos. Aquí conversando como si nos entendiéramos y habláramos el mismo idioma. Puedes sacar la lengua las veces que quieras. No me importa que te burles de mí. 

Levántate. Tienes que llegar al otro lado de la calle antes de las siete.

¿Y ahora qué te pasa? Hacía tiempo que no veía esa mueca que tanto me hace reír. ¿Por qué sólo reaccionas cuándo te sientes amenazado? Anda ven. Una caricia más.

Para mí también es duro pero hace días que tus posturas no me sorprenden, detesto madrugar y me aburre mi trabajo. Aunque durante un tiempo, y sólo un tiempo, viviera en una especie de nube creada a base de los latidos que me embriagaban cada vez que te veía. ¿Comprendes? No. Tu qué vas a entender. Nunca lo hiciste.

Lo he reflexionado mucho. Es cierto que durante meses, todos los días eran viernes. No importaba que llevara doce horas trabajando sin parar porque sabía, que cuando llegara a casa, me esperarías con la colita hacia arriba con ganas de jugar, aunque siempre tuviera que prepararte yo la cena.

Espero que comprendas que necesito sentirme libre, respirar la libertad sin ataduras por primera vez en mucho tiempo. Buscamos cosas distintas. No puedo seguir organizando mi semana según tus necesidades ¿Lo entiendes? 

Ya me lo advirtió la del quinto la primera vez que te vio. “No te fíes de sus encantos. Que dan mucha faena. Todos son iguales. Al principio te hará compañía pero después desearás no haberle metido nunca en casa”. Sabes que no me gusta darle la razón, pero la tiene. Dentro de unos meses me lo agradecerás.

Ahora nos tenemos que despedir. Venga ¡Entra ahí! No te preocupes. Acércate. Mírame. Todo va a salir bien. Encontrarás a alguien pronto, ya verás. Y sobre todo recuerda: no es por ti. Es por mí. Te mereces algo mejor y yo no puedo ser como la del quinto, a quien adoras y sobre la que te lanzas cada vez que me doy la vuelta. No quiero ser como ella, todo el día cargándose la espalda con preocupaciones. A esa mujer, antes de mudarse, cada vez que nos cruzábamos por la escalera, daba igual lo que le preguntaras: – LO MÁS IMPORTANTE SON MIS HIJOS – DECÍA.

Piano man con perro

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Continuara….

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