Cuarto Relato de la serie “Contagios” Escrito por Anna Flotats

Telefono

 

MIS PADRES NUNCA HABLABAN CONMIGO. Sólo me contaban cosas. Por eso, cuando me han llamado por teléfono diciéndome que querían hablar, he tenido que ir corriendo al baño. Porque yo, cuando estoy nervioso, me cago. Aunque lo de hoy no han sido unos nervios normales. Al menos no han sido los nervios que yo conozco.

Los nervios que yo conozco me avisan. No es que me avisen antes de llegar, ojalá me mandaran una señal para poderme preparar el ataque con tiempo, dos o tres horas antes. No. Ellos mismos son el aviso. Que me suden las manos, por ejemplo. Eso es un aviso. Cuando me sudan las manos, yo ya sé que no tengo escapatoria. Que la cosa irá a más y que lo único que puedo hacer es dejar que pase lo que tenga que pasar. Pero gracias a ese sudor puedo saber lo que me espera en el próximo cuarto de hora. Me seco las manos frotándolas con los pantalones o con la tela que cubre el sofá del salón y digo, “vale, ahora me entrará cagalera”. Eso me calma. Tampoco mucho, pero un poco sí. Porque controlo el ataque. O él no me controla tanto a mí. O simplemente voy unos minutos por delante de él

Hoy me ha entrado cagalera, por eso todo parecía normal. Nerviosamente normal. Pero en el baño me ha pasado algo extraño, algo nuevo. He tenido sed. Sed de Ponche Caballero. Y eso sí que no me había pasado nunca. Y me he asustado. Me he asustado porque he tenido sed de Ponche Caballero, que ni siquiera sé lo que es.

Me he asustado porque mis padres me han dicho que quieren hablar conmigo. Me he asustado porque mis padres me han llamado. ES LA PRIMERA VEZ.

Valerio Adami - el camerino

Continuara…

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