Suelto escrito por Pepe Marquina

A los escritores a veces nos falta la comprensión del entorno.

No es fácil empatizar con nosotros y nuestra circunstancia.

Eso puede hacer que haya divergencias con los cercanos y los lejanos.

Un escritor tenía la costumbre de comenzar el día escribiendo de pie.  Según transcurría el día, después de comer se sentaba para escribir. Por  la tarde-noche se tumbaba en el sofá para trabajar. ¡Vaya tela!

Otro escritor, cuando pillaba una idea se paseaba por el salón de su casa. Estaba feliz por el hallazgo y trataba de madurarlo. Hasta que su mujer le veía paseando, ocioso para ella, y le decía: “más vale que vayas a comprar el pan” o “¿no has tendido la ropa de la lavadora?” o “¿tanto te cuesta cambiar el papel higiénico?” o incluso “la encimera está sucia, haz que brille”. Con tanta empatía las ideas vuelan. Le dijo a su mujer que cuando paseaba por el salón  es porque tenía una buena idea. Para que ella no le molestara en ese momento tan crítico y la señora entendiese que era muy crítico el momento,  le dijo que se pondría una visera roja en esas ocasiones.

 Sólo se quitaba la visera en la cama.

 

Fin…

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