Relato breve escrito por Merche Postigo

Frente al espejo- Botero

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Jenny era la chica con el culo más grande del barrio y las piernas más cortas, pero apenas se atrevía a mirar de frente al espejo de su ascensor. Todos menos ella, disfrutaban mirándose. Los vecinos subían y bajaban a sus casas acicalándose, observando sonrientes sus reflejos. Solo Jenny no fijaba la mirada en el espejo del ascensor. Tenía miedo a encontrarse, no quería ver su reflejo, le gustaba imaginarse. Entraba de espaldas al espejo, cerraba los ojos y se veía guapa.  Hoy Jenny tiene algo para fanfarronear con sus amigas, con sus dos únicas y presuntuosas amigas. Ellas, las chicas de existo, la esperaban. Llegó al bar con la respiración entrecortada por la pesada marcha de sus cortas piernas y con el ansia contenida. La puerta se deslizó suave y dejo a la vista el local. Allí estaban ellas, sus amigas, acomodadas en una mesa, la mesa más visible del bar. Claro que la vieron entrar, pero no la miraron. La saludaron con un inapreciable alzamiento de cejas y ella se dio por satisfecha. Continuaron la charla y Jenny se acercó a la mesa. Inclinó su cuerpecito para besarlas y como no, para recibir sus besos. Las chicas no se movieron. Jenny se sobrepuso al momento y retrocedió. Sonrojada por la bienvenida, encajó su culo en la silla, acercó el pecho a la mesa, apoyó los codos encima y esperó su turno con ansia. Raquel, la más carismática, sonrió a su amiga y continúo conversando con Luisa, la conformista, la que escuchaba absorta a Raquel ajena a la llegada de Jenny. La conversación de las chicas no parecía tener fin ni espacio para Jenny. Impaciente decidió tomar la iniciativa sin calcular consecuencias:

  •  ¿Sabéis lo que me ha pasado?.

Ninguna de las dos chicas, hizo señal alguna de haber escuchado la pregunta. Continuaron con su conversación. Luisa no iba a permitir que nada ni nadie desviaran su atención de Raquel y sin sutilezas lanzó una velada mirada de reproche a Jenny.

  • “!Tengo novio!” – Gritó Jenny

Raquel giró la cabeza asombrada. Clavó una mirada ácida en su amiga y con rabia contestó.

  • ¡Pues qué bien! -Y ¿Dónde está?
  • Si, ¿Dónde está? y ¿Por qué estás aquí tú sola con nosotras? ¿Dónde está él? – Replicó Luisa con apreciable envidia

Mujer llorando - Fernando Botero Jenny era valiente, pero no había preparado respuestas para esas preguntas. Avergonzada y sin palabras guardó silencio, apuró el poco aire fresco que quedaba en él bar y sorbió su café con la mirada clavada en el suelo. Dejó que las amigas continuaran con su charla entre risas. Permitió que el café le quemarse los labios. Entonces despegó su gran culo de la silla, y en silencio comenzó la retirada. Las amigas riendo divertidas se levantaron y la dejaron marchar, ahora sí, con dos amargos besos. Para cuando Jenny alcanzó las puertas del bar, una agría ola de tristezas le había comenzado a subir por el estómago. Corrió esquivando transeúntes y guardó las lágrimas para más tarde. Con el ánimo revuelto y la mirada sucia subió al autobús que la recibió con indiferencia. Al llegar al portal de su casa se sintió segura. Dejó que el ascensor la consolara. Apoyó la cabeza en la pared y sintió que el frío le acariciaba la nuca. Entonces y solo entonces abrió los ojos y miró de frente al espejo. Entre sollozos sonrió a su reflejo. Las lágrimas apenas si le permitían ver el rostro del hombre que la besaba con deseo mientras le abarcaba apasionado su enorme culo Fin…  

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