Suelto escrito por Pepe Marquina

La señora tenía setenta y siete años. Le gustaban mucho los animales.

Un día antes de morir solicitó del hospital donde estaba ingresada, poder despedirse de alguno de ellos. Eligió el caballo.

Les juntaron a ambos. Ella, sobre la camilla, recibió la visita de su caballo en el parking del hospital. Éste, al verla dejó resbalar una lágrima. Se agachó hacia ella y ambos se dijeron cosas al oído.

Los médicos y enfermeras no daban crédito. Se morían de envidia por saber lo que ambos se decían.

A las pocas horas de la despedida, ella murió. Pero murió en paz porque sus últimas palabras fueron para su caballo.

Pero el caballo lo tiene peor. Desde la despedida no se le ha visto sonreír. Está triste y apenas puede comer.

No todos los humanos pueden comprender al caballo. Pero al caballo le da igual que no le comprendan los humanos.

Fin…

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