Relato Breve escrito por Merche Postigo

La curva de camino- cezane

…. Al final de la curva se extendía un camino ascendente hacia la montaña rodeado de arbustos y pinares. Me evocaban un mundo sereno y ordenado. Mi caminar pasivo solo se veía molestado por el sonido de las pisadas de mis botas de montaña. El tiempo transcurría despacio. Cuando llegué al final de la curva me encontré con la muralla y su puerta. Era grande, tendría más de dos metros de alta. Miré en los bolsillo, pero las llaves se habían quedado en el porche. Extraño, siempre había estado abierta. Pero aquella vez la encontré cerrada. Decidido a seguir adelante no iba a permitir que una puerta cerrada frenara mis intenciones. Terminar con mi miserable vida, era preferente y decidí dejar la puerta de la curva del final de camino y desviarme a la derecha.

La cantidad de arbustos que poblaban la zona impedían una marcha alegre. Fui acomodándome y conseguí llegar al destino, o quizás llegué al comienzo de la muralla. Con algo de dificultad pasé al otro lado de la pared y pude contemplar la montaña y sus pinos. Estaba a salvo y algo cansado de la ciudad, de sus ruidos, de las prisas, de los empujones en el metro, y de los apuñalamientos en los callejones oscuros. Encontré la manera de llegar. El aire fresco de la montaña me abrió los pulmones. Llegué al primer pino y tropecé con un puesto fronterizo. La barrera estaba bajada. Miré en busca del centinela y lo encontré dormido. Después de algunos golpes en la caseta de cristal abrió los ojos y miró hacia mí con desagrado.

  • Perdone que le despierte. – Dije yo con más vergüenza que timidez.
  • Es usted un inoportuno – Respondió el guarda – ¿Por qué puerta ha entrado?
  • ¿Se necesita entrar por una puerta?.
  • ¿A qué ha venido? – Continuó el guarda con su interrogatorio.
  • Necesito mover ese árbol. – Dije mientras señalaba con el brazo extendido hacia mi derecha.
  • No se puede tocar nada en el bosque – Respondió el guarda con una media sonrisa instalada en la cara.
  • Si no muevo el árbol de sitio me voy a morir.
  • Tengo órdenes de controlar que nadie mueva un solo árbol. Todos tienen que estar en el mismo sitio cuando vuelvan a revisarlos.
  • Si me muero, será su culpa. – Repliqué sin mucha fuerza.
  • Se lo puede pedir al Director Forestal. – Respondió el guarda sin compasión por mi estado.Torre de vigilancia
  • Solo sería mover ese, el de la derecha. – supliqué
  • Cuál, ¿el verde?
  • No hombre, no soy tan tonto, Seria el otro verde, el que está al lado
  • Ese tampoco se puede mover – Insistió el guarda.
  • Por qué dice tampoco, ¿es qué hay alguno que si se puede mover?.
  • Ese de ahí no. – Insistió el guarda.
  • ¿Pues entonces puedo mover aquel otro?, al que le faltan las ramas.
  • Ese de ahí, lo puede mover, pero solo si me sabe decir su nombre.
  • ¿Desde cuándo los árboles tienen nombre? – Respondí bastante asombrado.
  • Siempre han tenido nombre, todos los árboles tienen nombre, son como nosotros, seres vivos y tienen nombre.
  • Vaya, pues gracias, pero no he venido preparado. ¿Usted podría ayudarme a descifrar el nombre del pino?. – Supliqué de nuevo.

….Por la curva del camino vi a una mujer ascender la cordillera. Llevaba una niña muy pequeña en brazos. Subía muy deprisa.

  • Eso …no sé si está prohibido…. – Dudó el guarda antes de responder.
  • ¿Pero cómo va a estar prohibido dar pistas de los nombres de los aáboles? ¡Hombre! –Le respondí eligiendo las palabras con cuidado.
  • Si lo descubren los forestales me meto en un buen lio.
  • Pero yo no se lo voy a decir.
  • Si claro, pero lo pueden saber. Son muy listos.
  • Bueno, al menos puede darme una pequeña pista. Por qué letra empieza, por ejemplo.
  • Me está usted poniendo en una situación muy difícil, señor
  • ¡Pero si los forestales no se enteran de nada!. – Afirmé con rotundidad.
  • Bueno, le daré una pista. – Respondió el guarda al tiempo que se frotaba la frente. – ¡es una pista muy buena!. – Dijo socarrón – El árbol se llama como mi anterior novia.
  • Pero hombre, si yo no le conozco a usted cómo voy a conocer a su anterior novia y mucho menos su nombre. – Refunfuñé.

….La mujer de la curva pasó de largo frente a nosotros. Vi a la niña y pude suponer que era su hija.
– Al menos dígame como empezaba el nombre de su anterior novia.

  • Guarda relación con una flor. – Dijo mirando al cielo. – Es la flor más pequeña del mundo y se puede comer.
  • ¡Youtan! . – Contesté yo rápidamente
  • ¿Youtan? , eso no es ni un nombre, ni una flor. Se lo ha inventaFlor Youtando, además la Youtan no se puede comer.
  • Youtan . – Insistí yo. – Las Youtan son las flores más pequeñas del mundo y se pueden comer.
  • ¡Eh usted!, no se adelante, usted podrá decir lo que quiera pero Youtan no es el nombre del pino.
  • Pero… si este no es el nombre, entonces ¿cuál es? – Supliqué yo al tiempo que cruzaba la barrera y continuaba mi camino.
  • Que no se lo puedo decir. – Gritó el guarda
  • Pero me deja mover el pino ¿verdad?

 

 

….Supuse que el nombre de la niña era Youtan por lo pequeña que resultó ser. Al girar la curva, la señora aún llevaba en sus brazos a la niña. Subieron por un camino oculto. Saludó al guarda y a mí también me miró cuando cruzaron la muralla. Llegaron a lo alto de la colina. La mujer posó a la niña Youtan en el suelo, entre los pinos en la hierba, frente a la casita, entró y ya no la volví a ver.

Fin….

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