Era rubia, pero era muy guapa.

Acudió a la plaza de toros de las Ventas y se sentó a mi lado. Sabía que me iba a dar la tarde.

Cuando el picador se ensañó desde su caballo con el primer toro, la rubia se asustó como si la sangre que le corría al toro fuera de ella.

Cada pinchazo de las banderillas era como un aguijón en su piel. Su cuerpo le retumbaba y se tapaba los ojos.

Cuando el torero le enterró la espada al toro, la rubia dejó resbalar una lágrima. Menos mal que el viento se la secó enseguida. Cuando descabelló y el toro cayó fulminado, ella, la rubia le llamó hijo de puta, creo que al torero, y estuvo a punto de tirarle el bolso. Menos mal que estaba yo allí.

Yo sabía que no aguantaba ni tres toros. Pero me defraudó, se tragó cuatro  toros y se fue.

Menos mal que no estuvo en el sexto. Jiménez Fortes fue volteado por el astado y todos nos temimos lo peor. Le habría llamado hijo de puta, creo que al toro.

Menos mal que la rubia se había ido. Menos mal.

Suelto escrito por Pepe Marquina

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