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No tires de esa cuerda que lleva nudo”- dijo la madre, dando así por terminada la recién iniciada conversación de la noche. Sonriente y altiva miró al chaval, su hijo pequeño, un tonto inocente y bravucón que sin atender a las advertencias de su progenitora, continuaba bufoneando con las historias de la familia. Esas anécdotas divertidas, a veces atolondradas pero todas acaecidas en los tiempos en que las cuerdas no tenían nudos y los niños eran felices viviendo. Los tiempos cuando los hermanos se atropellaban por el estrecho pasillo del diminuto apartamento alquilado sin apenas espacio para odiar. Ellos eran jóvenes recién casados y disfrutaban con su prole y los juegos. Entonces nadie recriminaba. Ahora, agrandados los años y los pasillos, los reproches, las censuras y los comentarios hirientes se habían hecho fuertes en sus vidas y las flechas envenenadas iban directas al corazón, sin compasión. Por eso anoche nadie pronunció palabra. Tenían miedo, ¿miedo de los nudos? Habían olvidado cómo desatarlos y dejaron que el momento pasara sin más. Yo creo que todos, incluida la madre, lamentaron no haber tirado de la cuerda, desatando nudos.

desatando nudos

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Micro Relato escrito por Merche Postigo

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