Cuando me enteré que al portero del Real Madrid, Casillas, la empresa en la que almacenaba muchos trienios de trabajo, le echaba del campo, me produjo tristeza.

Cuando las lágrimas de Casillas recorrieron España dolida por el poco estilo de su salida, me produjo tristeza.

Cuando comprendí que sería un integrante más en las listas del paro, que le veríamos en las colas del INEM, y que otro español perdía su trabajo cuando él soñaba con un contrato fijo, me produjo tristeza.

Cuando me enteré que otra empresa de lo mismo le hacía otro contrato de  trabajo y parece ser que con derecho a bocadillo de mortadela con aceitunas los jueves después de los entrenamientos,  me produjo algo de envidia.

Casillas y El Oporto

Suelto escrito por Pepe Marquina

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