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La noche está llegando y yo sigo aquí, sentado en el viejo sillón que mi padre compró hace hoy algunos años. Sigo inmóvil, atravesando con los ojos la ventana, intentando ver salvando la cortina. La cortina que ella colgó frente al sillón y que ahora oscurece mi realidad. Sufro viendo la noche llegar, hiere cuando me aborda y la cortina expía conmigo. Contemplo con hastío el fracaso de mi vida, y la victoria de la mujer que se aleja a la velocidad de la luz del día. La cortina insiste en no permitirme ver la calle, cómplice de su desprecio también me ignora. Vuelvo a intentarlo. Contemplo mi mano en su ascenso hacia ella, se alarga, se sujeta recelosa a la cortina que se resiste en silencio. La toco, es suave, diría que dulce. Me permite, no se resiste. Intento llegar más lejos y la noto tensa, insisto. Me acerco más, .frente a frente con ella. Huelo su olor. Olor al limón de siempre. Noto sus curvas. Ella se aparta. Por fin veo la noche, está ahí fuera, mirando silenciosa. El “crick crack” de los anclajes al soltarse me aleja del sueño. Compruebo hierático el derrumbe de la atadura. Siento que abandona la seguridad del enganche, atraída por el peso de mis deseos, que aferrados a la cortina rompen la belleza de las sombras y lloro..

.AtrapadoMicro Relato escrito por Merche Postigo

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