Qué contradictoria es la vida. Cuando más feliz era Fernando (Yela), cuando más ganas de vivir tenía, una cabrona enfermedad  le obligó a desear su propio final. Es la contradicción de la vida. Cuando más quieres vivir,  pides que te dejen descansar.

Toda lucha tiene un límite. Y el límite se lo marcó la enfermedad. Hay enfermedades que dicen basta, y cuando la enfermedad dice basta sólo nos queda aceptarlo.

No olvidéis que mientras se le recuerda sigue vivo. Es lo que él quería, vivir. Pero como no puede hacerlo hay que recordarlo con cariño. Hay que recordarlo como fue:  amable, sencillo, cariñoso, paciente, comedido en la expresión, razonable en los argumentos, amigo de todos. El pasado y reciente 1 de julio nos intercambiamos libros en la presentación del suyo,  y en la dedicatoria yo le definía como un gran hombre, mejor persona y maestro de maestros.

Fernando me enseñó  a tratar a los adolescentes complicados,  que como él me decía son los  más interesantes. Fernando me enseñó el arte de la comunicación, el crecimiento personal, la asertividad,  la autoestima,  la empatía, la solidaridad con los demás. Fernando me enseñó a torear en todas las plazas, pero cuando la muerte saca los pitones no hay quien la esquive. Su amiga la luna también está triste.

HOY MIS LÁGRIMAS SON PARA FERNANDO Fernando

Suelto escrito por Pepe Marquina

Anuncios