Análisis del relato de Raymond Carver “Sesenta Acres” incluido en el libro “¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?” traducido al español por Jesús Zulaika.

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Raymond Carver.

En las historias de Biografia de Raymond Carver no hay grandes acontecimientos, ni grandes revelaciones, y normalmente en sus relatos, ni siquiera hay grandes finales, aunque siempre hay un gran desarrollo. Pero este relato, “Sesenta Acres”,  es una excepción…. Cómo no podría ser de otra manera, este relato tiene un desarrollo genial, a pesar de que cuenta una historia simple, exenta de grandes acontecimientos. Pero, y además, en este caso Carver cierra el relato de forma demoledora, simplemente genial.

Sinopsis

Carver comienza su cuento describiendo una escena familiar. Nos habla de granjeros americanos, habitantes de las reservas indias, personas algo toscas, ordinarias e incluso torpes.

“Lee Waite cargó el peso sobre una pierna y trató de quitarse una hebra de carne que se le había quedado entre las muelas. Era un hombre menudo y delgado, de cara enjuta y largo pelo negro…

Continúa describiendo, con maestría, la desvencijada granja donde habitan los personajes de este cuento.

“El porche, pequeño y construido justo antes de la guerra, estaba en penumbra. El cristal de la única ventana había desaparecido años atrás, y Waite había clavado un saco de azúcar de remolacha para tapar el hueco…… Las paredes estaban atestadas de viejos yugos y arneses a un costado, sobre la ventana, había una hilera de herrumbrosas herramientas manuales.”

La imagen de la estación del año en la que transcurre la acción – invierno —  nos viene narrada forma muy peculiar: La primera de forma muy explícita “hacia frio”, pero a continuación continua insistiendo en el frio con extraordinarios efectos semánticos. Con detalles que dibujan en nuestra mente ese frio invierno vivido desde el punto de vista de la malograda granja.

“Hacia frio. La nieve de los tres días pasados –una capa granulosa de varios centímetros de espesor- lo cubría todo, daba al terreno un aspecto grumoso y un aire ridículo a las desnudas hileras de estacas de judías que había frente a la casa”

Carver nos presenta al resto de personajes con su habitual maestría descriptiva: los dos niños, la madre y mujer, Nina,  embarazada, y la madre  y abuela, silenciosa y ausente.

“la anciana entreabrió los ojos, lo miró y le dedicó un movimiento de cabeza. Tenía setenta años y estaba  ajada y encogida….….. Lee Waite sabía que algo malo le pasaba, porque a veces se pasaba un par de días sin decir nada…….. , mirando fijamente al valle”

Cómo buenos americanos, las armas de fuego forman parte de sus vidas. Lo mismo que los cazadores furtivos, los viejos indios, los patos salvajes, el barro y las ciénagas, pero entre tanto infortunio, Carver dedica un espacio a la melancolía. Deja que sus personajes recuerden sus sueños adolescentes. Sueños malogrados.

“Al ir haciéndose mayor había oído decir a su padre que quería que aquella tierra fuera para sus tres hijos. Pero los otros dos hermanos de Waite habían muerto…..”

El relato de Carver continua con unos fabulosos diálogos, muy característicos de este autor , que os emplazo a leer en el libro…….. Para finalmente ir a un desenlace sorprendentemente bello:

“Miraba fijamente el suelo. Le pareció que se inclinaba en dirección a él, que se movía. Cerró los ojos y se llevó las manos a los oídos para serenarse. Y luego se le ocurrió ahuecar las manos; así le llegaría ese bramido como de viento que ruge dentro de una concha marina.”

Os animo a leer este relato. Lo disfrutareis tanto como yo. ¡Seguro!

Raymond Carver.

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