Mi amigo Julio Collado me permite extraer de su artículo nacional unas breves líneas para comenzar este suelto:

“Una de las realidades que no he logrado comprender nunca es el ninguneo histórico al que han sido condenadas las mujeres en todo el mundo. Tal vez por ello, causan tanto interés y revuelo las excepciones. Véase el V Centenario de Teresa de Jesús. Para que una mujer sobresalga entre tanto desprecio machista, muchas otras extraordinarias quedaron en la cuneta y no pasaron a los libros de historia ni de filosofía ni de ciencias ni de literatura ni de arte. Gracias a  esta trampa impuesta por el poder patriarcal la historia humana está profundamente coja. Todavía hoy, después de más de un siglo de lucha feminista, queda un buen trecho para romper ese “techo de cristal” que impide ver la esencial contribución femenina en el desarrollo de los pueblos. Todavía hoy, las fotos de los Órganos del poder político, financiero, religioso y científico llaman la atención por su desequilibrio entre las dos mitades del género humano”.

Pues para ilustrar el brillante párrafo de Julio Collado puedo contaros que en 1926, 1927 y 1928 Concha Espina fue nominada para ser candidata al premio Nobel. En una ocasión perdió el premio por un solo voto.  El voto en contra fue el de la  Real Academia Española.   Al año siguiente también le faltó un voto y ese voto en contra volvió a ser el de la Real Academia Española.

También intentó entrar en dos ocasiones en  la Real Academia Española pero no lo consiguió.

Como curiosidad diré que uno de los integrantes de la Academia era Obispo, cuyo nombre sí recuerdo pero no quiero escribir,  dijo una frase lapidaria:

“En esta academia las únicas faldas que entrarán son las mías”.

Qué pena que hoy, gracias a maniobras de antaño, a Concha Espina sólo la conocen muchos por ser una calle de Madrid y una estación de metro.

Concha Espina

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Suelto escrito por Pepe Marquina

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