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Hugo, una tortuga de tierra con el caparazón duro, tenía los sentimientos blandos.

tortuga

Era joven, pero ya disfrutaba de muchos años, más de 42. Nunca se quejaba, pero se lamentaba de no haber encontrado compañera. Le gustaba la vida tranquila, como cabía de esperar para una tortuga lenta y de caparazón duro. Disfrutaba con los largos paseos matutinos. Pero la luz de la luna lo convertía en un reptil triste y melancólico.

A Hugo le hacía feliz la idea de reproducirse. Se le antojaba placentero el ver crecer al menos a uno de su especie. Pero todos sabían que en realidad lo que Hugo ansiaba era copular, y él con solo pensarlo sonreía.

Hugo..la tortuga

Todos los deseos de Hugo se cumplieron con la lluvia de ese día. Llovía mucho. Era perfecto. La humedad justa y necesaria para mantenerme fresco -pensó Hugo- y comenzó a dar su paseo. La lluvia hacía muy resbaladizo el sendero. Cada dos zancadas retrocedía tres y Hugo ya empezaba a incomodarse cuando la vio, era brillante. Sacó su cabeza desde las profundidades del duro caparazón, alargó hasta el infinito el cuello arrugado de dobleces y apuntó hacia ella.

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Hugo demostraba ser un mameluco de tortuga con las ideas claras, muy claras.

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Pletórico y lento, al anochecer alcanzó a la hembra. La lluvia habia cesado. Hugo la rodeó con un pavoneo y alguna hombría. Sus desorbitados ojos negros, daban fe de su exacerbado deseo. Cuando hubo terminado con el primer reconocimiento del objetivo, volvió la cabeza hacia ella y una picara sonrisa se dibujó en sus fauces. Con un alarido algo quejoso dio paso a la acción. Estaba excitado. Cuando alcanzó el bello trasero de la hembra, todo se precipitó. Olía a tierra, a hierbas, y a todas esas cosas extraordinarias con las que había soñado. Hugo abrió su hocico de tortuga de caparazón duro y degustó todos los olores. Ella no se movió. Él notó la tersura fría del caparazón y con la suave calidez de su cóncavo plastrón la cubrió. Hugo y su miembro se irguieron y penetraron en la cloaca de la amada hembra. Ella se dejó hacer, sin protestar, estática, casi inmóvil.

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Hugo conoció la felicidad de noche.

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El suelo aún estaba húmedo cuando Hugo inició el repliegue a la tranquilidad de su caparazón. La lluvia había borrado sus huellas. Estaba satisfecho. Mañana volveré -Pensó- mientras veía desvanecerse el gris piedra del caparazón de su amada.

Hugo..la tortuga
                        Petoskey Stones

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Relato Breve escrito por : Merche Postigo

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