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Hay abrazos que matan. No me refiero a las plantas carnívoras ni al abrazo del oso.

A veces no matan pero sí lesionan. Un niño de ocho años celebra su cumpleaños. Le visita su tía para felicitarle pero con el regalo por delante.

El niño, muy efusivo con la tía y con el regalo,  le obsequia con un enorme abrazo que tira a la tía por el suelo. La tía se fractura la muñeca y ni corta ni perezosa, después de ponerle la correspondiente escayola en el hospital,  va a la comisaría de policía a denunciar a su sobrino. Le pide la módica cantidad de 100.000 dólares por daños y perjuicios.

A veces los abrazos más que unir a la familia, sirven para conocerla.

.Abrazos

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Suelto escrito por Pepe Marquina

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