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Todos estábamos pendientes de las condiciones del terreno de juego. Las nubes no presagiaban buenos augurios.

Desde el minuto uno se vio que el campo no estaba en buenas condiciones. Según pasaban los minutos el campo era un barrizal.

La estrategia de uno de los contendientes era no dejar jugar al contrario. Y lo consiguió pues no le dejó terminar ningún ataque. No le permitió desarrollar ninguna jugada, pues utilizaba contra él todo tipo de tretas para impedir que jugara el balón.

Mientras un equipo sólo jugaba al ataque, el otro bregaba en defensa para sostener las embestidas y si veía una oportunidad de atacar era frenado en seco con patadas en los tobillos y zancadillas poco perceptibles.

En estos partidos hay que seleccionar bien los árbitros. En esta ocasión dejó jugar y no cortó el juego sucio en ningún momento. Eso permitió que la brusquedad aumentara desluciendo el partido que al final fue bronco y desagradable.

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Suelto escrito por Pepe Marquina

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