.El poder de la letra - La Ñ

He salido corriendo, sin mirar atrás. Y ahora corro y corro, siempre hacia adelante, sin mirar atrás. Cuando alcanzo la explanada de la yasa (1), sigo corriendo aunque los pedruscos me frenan. También me canso. Entonces reduzco la marcha, aflojo un poco, vuelvo la cabeza y miro al pueblo.

El pueblo se va alejando. Acelero un poco la marcha, camino deprisa y corro. Corro tanto que pierdo de vista mi casa. Ya estoy en las afueras, he llegado a la llanura amarilla y ocre. No me gusta lo que veo. La espalda me duele, cambio de mano la Ñ y continúo corriendo. Ahora voy más despacio que antes de llegar a la llanura. Siento el peso de la letra, también la falta de la costumbre, me hacen desistir de continuar con la carrera. Hace mucho tiempo que no salgo a trabajar los campos, desde que cerraron el silo. Incluso miro hacia atrás. Siempre lo hago. Apenas si alcanzo a ver el pueblo. Algunas casas asoman por la llanura, entre ellas la mía. Es la blanca, con el techo marrón, de tejas. El verano pasado las lluvias rompieron varias y tuve que cambiar al menos una docena. Me ayudó mi amigo. Casi somos hermanos. Mi padre ya no está. Las pegamos una a una. Eran de terracota, marrones, frescas y suaves. Los del pueblo se rieron mucho. Las lluvias del verano solo afectaron mi casa. Ni siquiera el alcalde me prestó atención. 

De nuevo miro atrás, no estoy seguro de ir en la dirección correcta. Doy un respiro, esta vez profundo y retomo la marcha, ahora sin correr. He llegado a la era. Ya no hay nadie, ahora está vacía. Antes siempre había gente, parejas, jóvenes. Venían después de la cosecha, por la tarde subían a la era a besarse. Algunos se besaban mucho, otros apenas si llegaban a rozarse los labios. Yo nunca subí. A mi padre no le gustaba la era. Hoy es la primera vez que la piso. Me paro a descansar, apoyo la Ñ en el suelo y oteo el horizonte. Tengo una herida en la mano derecha. No me importa, soy zurdo. ¡Cuánto sufrí en la escuela con Don Mariano!. ¿Eres tonto o qué?… me gritaba, un día sí y otro también. ¿Es que no sabes que tienes que usar la mano derecha? ¡La de comer!. Se desesperaba conmigo. Me hubiera gustado decirle que yo comía con la mano izquierda, pero don Mariano no entendía de ironías, tampoco escuchaba. Apoyo mi mano dañada en la letra Ñ y vuelvo a cargar con ella.

Cuando dejo atrás la era, lo veo. Hay alguien mirándome desde el horizonte. Es mi padre, aunque viste de forma extraña, es un obrero, pero yo lo reconozco, es mi padre. Él me encara y me desaloja una pregunta. ¿A dónde vas con esa letra?.. No sé qué responder y le pido ayuda. Entonces él me ayuda, sujeta la parte de atrás de la Ñ y la levanta, yo alzo la tilde. Qué alivio, ahora puedo respirar, dejo de correr. Definitivamente caminamos, juntos, yo y mi padre, en silencio, no tenemos mucho que contarnos, ya creemos saberlo todo. Mi padre nunca me pegó, mi madre sí. Mi madre a veces nos lanzaba la alpargata por el aire, los dos reíamos, pero ella no. Mi padre era un hombre tosco, inculto, analfabeto y también mi padre. Hoy me acompaña en silencio hasta el final del camino. Ya estamos en la carretera, hace frio y el viento nos hiela la cara. Yo siento el asfalto caliente bajo mis zapatos. Mi padre se marcha. Lo saludo y lo dejo ir. No nos despedimos. Coloco la Ñ en el costado de la carretera, entre las otras letras, leo la palabra y me vuelvo para el pueblo. Retomo el mismo camino, ¡para qué buscar otro!. Ahora no corro, nadie me espera, ni me sigue, quizás tampoco antes. Paso la era con prisa y cuando llego a la yasa (1), en el rio una mujer me mira y sonríe, es mi madre.


(1)En La Rioja (y por ende en Logrño) se emplea «yasa» para referirse a la crecida de un río, la depresión de un terreno o una torrentera. (via Twitter @Fundeu)

Lagartijas al sol

Foto de Rafa Turnes – Blog www.lagartijasalsol.com

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Relato Breve escrito por : Merche Postigo

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