TERCERA PARTE – (TRES HISTORIAS ÉPICAS) by BROTHER W. KELLOGG

Prof. de Grado Asociado al Antropologic Dpart.
De Salish Kootenai College- (St. Pablo, 406- Campus Univ.)

 Traducción: T. NANCLARES


Leer la Segunda parte

BIOGRAFÍA CONCISA DE MYKE SELVE-teniente Calley

Es al finalizar su periodo de estudios universitarios cuando se produce el primer vacío documental. Determinados autores, asegurando basarse en testimonios directos de compañeros de filas, señalan la posibilidad de su alistamiento en el ejército con nombre supuesto. En tal caso, bien podrían resultar ciertos los rumores sobre su movilización a Vietnam muy a comienzos del conflicto, así como los de su destino a las órdenes del teniente Calley.

Para entonces, Calley era ya de sobra conocido entre la oficialía por sus métodos más bien expeditivos a la hora de “depurar” poblaciones enteras (19). Con él se perpetuaba una larguísima serie de genocidios inaugurada por Chivington, otro militar de infausto recuerdo, que se había encargado de exterminar con puntillosa diligencia a toda una tribu india en Sand Creek (Washita) (20).

Sin embargo, Selve acostumbraba a negar absolutamente todo: el soldado o el nombre supuesto nunca habrían tenido lugar. Siempre rehusó hacer comentarios de ningún tipo sobre esa época de su vida. Para la América de los 60 el tema se había convertido en un auténtico tabú: algo tan doloroso y contestado por la juventud que nadie deseaba tener nada que ver con el asunto. Los veteranos no eran héroes, sino un mundo aparte, una especie de ghetto mirado con recelo, cuando no con lástima o desprecio.

De sobra conocida es la recurrente -por lo reiteradísima-anécdota de su involuntario cambio de nombre. No existe solapa editorial, biografía o índice que no mencione el hecho. Parece ser que, cuando al fin consiguió publicar su primer poemario, los impresores de la pueblerina imprenta ochoana se negaron a linotipificar palabra tan larga como la de su apellido. Lo hicieron arguyendo una excusa tan simple como la de que “se sale de la portada”, pero en el fondo sabiéndose incapaces de concretar en signos gráficos el consonántico aspirado de aquella lengua. Cuando le preguntaron qué significaba el extraño galimatías, él no supo sino repetirlo textualmente en su, por entonces, aún poco elegante inglés. Sin embargo, cuando se vio forzado a adoptar un nombre “correcto” en el “idioma civilizado”, no hizo exactamente lo mismo. Apremiado por aquellos editores que le exigían una elección rápida y comercial, y más por azar que otra cosa, cierto reflejo inconsciente le debió remitir a la idea inicial del apelativo. Fue así como se produjo la traslación del significado original de “Grande Territorio Por Donde Crece El Árbol Innumerable” por el más breve y anglosajón “Selve”, indudablemente mejor aceptado por el conjunto de convecciones mantenidas por la sociedad culta de su época, y desde luego muchísimo más acorde con lo que se podía esperar entonces de un autor de poesía.

BIOGRAFÍA CONCISA DE MYKE SELVE-Lenguaje apache

Publicó sus dos únicos libros de poemas durante la década de los sesenta: el primero, “Pebbles”, durante los gloriosos años centrales, en plena eclosión del pacifismo, el movimiento hippie y el “sex, & drugs, & rock & roll”. El segundo,”Kid´s stone” , vio la luz un poco más tarde, ya a finales de la década. Precisamente por este motivo se trata de una obra plenamente imbuida por la mentalidad de las comunas, la cultura del cannabis y aquel rechazo visceral hacia el interminable conflicto del Vietnam que propició el ingenuo pacifismo del “haz el amor y no la guerra”.

De planteamientos muy diferentes -en primero fue íntegramente escrito en inglés, mientras que en el segundo se alternan ambas lenguas- tienen en común la propia tradición tribal y familiar, así como el elenco de creencias y mitos celosamente conservados por su pueblo. A todo ello, Mike añade una inconfundible sensibilidad personal – tildada a menudo con menosprecio como “típico colorismo indígena” por los detractores del tono folklórico- hacia el ámbito y las entidades atmosféricas. Y por supuesto, la que será considerada como su gran aportación: la presencia del medio natural como algo indiscutiblemente vivo y dinámico, activo y omnipresente en su obra.

BIOGRAFÍA CONCISA DE MYKE SELVE-Nativos americanos

Tampoco resulta necesario añadir a estas alturas que la carga tradicional se intensifica y se hace más patente en el segundo. Y lo hace hasta el punto de que no podemos saber a ciencia cierta que composiciones son genuinamente suyas, y cuales pertenecen al acervo cultural heredado. Es un asunto muy en la línea de la tradición oral Ckree, y más concretamente de la lírica musical, donde lo asumido o vivido resulta tan propio como lo creado. Eso por no hablar del bagaje que se conoce como “legado”, y consiste en el acervo que ha sido “entregado” o “transmitido” por la familia… por los padres y los abuelos; pero sobre todo, por la madre. Es decir, lo que cantaba la madre.

Se trata este último de un aspecto que ha sido evidentemente mal entendido, cuando no malintencionadamente esgrimido por la crítica, pues el “plagio” -si insistiéramos en denominarlo así, que no es el caso- no va más allá de ciertos versos “bordón”, o si se quiere “comodín”, heredados de aquellos cantos tradicionales escuchados de pequeño o transferidos por los mayores. Las “guías” o “temas”, nombre que recibían los versos estrofa, servían para que cualquiera, en las larguísimas “entonaciones” nocturnas de la tradición Ckree, al escucharlos, pudiera reconocer inmediatamente el asunto sobre el que versaba la “cuerda” de coplas que sonaba. Las veladas solían celebrarse por turnos espontáneos, es decir, sin ningún plan previo. En aquel contexto, donde era muy apreciada la capacidad de improvisación, las “guías” cumplían un doble cometido: mantener permanentemente orientado al auditorio y servir de comodín a quien cantaba. Como es natural, Selve recoge tal hábito; no podía ser de otra forma. Pero se ha de puntualizar que tales “guías” van siempre intercaladas, a manera de estribillo, en estrofas absoluta y rotundamente personales.

La peculiaridad, aunque ajena a la tradición anglosajona, no es tan extraña como pudiera pensarse en el cante o lírica occidentales. Y no lo es en tanto en cuanto nos refiramos esa ingente y un tanto desordenada herencia conocida en Europa como “Cancionero medieval” y en absoluto si aludimos al acervo de lo genéricamente denominado “jondo”.
Pero sirva como ejemplo la siguiente estrofa:

Pasa Madre-la Lluvia en la danza que salpica
Gotas de su ropa ensopada. Entre todas las demás
reconocemos
Tu delantal entretejido con hierba y caracoles
Y el repicar de cascabeles en tus pies sobre la tierra.
(Kid´s Stone)

Resulta evidente que el canto se ha inspirado directamente en la “Pasa-Mama” , una antigua retahíla de estrofas que tradicionalmente se repetían durante horas y horas para invocar o conjurar aguas:

Por tu hermoso vestido de hojas nuevas
Y tu liviana falda nacarina, entre todas las otras
Te reconocemos
Por el tañer cadencioso de sonajas
Que llevan tus mojadas sandalias sobre el légamo
(Pasa-Mama)

Igualmente original es el aspecto morfológico de la composición, donde se adopta -y de alguna manera también se fija y “normaliza”- una estrofa absolutamente peculiar.

Se trata de un inconfundible patrón formal que no es sino trasunto del modelo de copla característica de las canciones indias. Se ha conservando incluso el específico nombre original, que Mycke traduce fielmente por “box”, y que en principio hacía referencia a la “caja” que forma el cuerpo del tambor o elemento de resonancia. En este sentido se ha de señalar que la práctica totalidad del “canto” indígena se desarrolla en registro de salmodia, igual que en la mayoría de cánticos primitivos o “sagrados”, como el Gregoriano. Dicho salmo se basa en una suerte de monodia o entonación a una sola voz, independientemente del número de cantores que intervengan. El resultado es una suerte de “melopea” ligada y monocorde, sobriamente pautada por escasos melismas que señalan el verso central de cada estrofa. El resultado deriva en una modulación grave y pausada, mitad tarareo mitad recitativo monótono, cuya entonación, a menudo repetitiva e insistente, sería inimaginable sin el acompañamiento rítmico del tamboril.

Dicho instrumento consiste en una forma arcaica de timbal y suele estar fabricado en madera de médula, con parche de membrana laxa y acabado polícromo. Es en definitiva este primario tipo de atabal, denominado en su lengua “cajón-de-sonido, lo que marcaría la entonación del recitativo, convirtiéndose así en el elemento fundamental de todo tema cantado, ya sea de fiesta, guerra o duelo.

BIOGRAFÍA CONCISA DE MYKE SELVE- Alfabeto Sioux

Razón más que suficiente para que resulte lógica la adopción del término “caja” para este tipo de composiciones, que generalmente constan de cinco versos, de los que primeros y últimos han de ser mayores, mientras que el central, muy breve, supone a menudo un nexo entre la primera y la segunda parte de la misma. Características todas ellas sobradamente cumplidas en la primera estrofa del libro:

No se puede entonar la canción de la lluvia en las hojas
O repetir lo que el viento a la hierba le dice
Ni descifrar
Aunque se escriba de nuevo al fin de cada tarde
El ilegible número de las estrellas.
(Pebbles)

Al parecer durante los primeros setenta su popularidad creció considerablemente, al menos en algunos estados occidentales. Se puede explicar en parte por ese panteísmo natural, tan acorde con las ideas que triunfaban entre la juventud entonces, en parte por ciertas versiones musicadas que se publicaron. De ellas, quizás la más conocida fuera el remake en clave de Ritm´n Blues que el popular Mick Rivers hiciera de un acetato anterior: el ya mítico –además de minoritario y absolutamente inencontrable- disco de tintes folk compuesto cuatro años antes por una autora de“culto”. Está claro que nos estamos refiriendo a Jeannette Baeza, la sensitiva y malograda cantante de origen chicano que fue durante algunos años compañera de comuna del poeta. Había compuesto su admirable Long Play después de abandonar a Mike, tan sólo año y medio antes de ser hallada muerta por sobredosis en la sórdida habitación de uno de tantos moteles que jalonan las carreteras secundarias de Idaho.

BIOGRAFÍA CONCISA DE MYKE SELVE-Joan Baez

Y, como es lógico, fue precisamente en aquellos estados y zonas donde la cultura Ckree había podido conservarse, donde el éxito musical alcanzó mayores proporciones. Sumado al hecho cuasi fortuito de que, sin mayores pretensiones, al escribir sus versos, había trascrito aceptablemente el sonido de la lengua materna al mal llamado alfabeto latino, pues como todo el mundo sabe, se trata del anglosajón. Ello le proporcionó un prestigio de erudito vanguardista que propició su acceso a los cerradísimos círculos universitarios e intelectuales del condado. Quizá fuera precisamente esta cuestión, que por otra parte él consideraba un detalle carente de importancia “-nunca aprendí más letras que las que me enseñó Miss. Libbie en el gélido barracón de su escuela”- lo que de verdad le permitiera el acceso a la plaza de profesor numerario de la universidad de Ochoa, donde trabajó varios años, impartiendo cursos de lengua nativa y, durante dos consecutivos, un seminario trimestral sobre “Lírica oral de los cazadores”

Fue precisamente el desahogo económico y acomodo hasta cierto punto “burgués” proporcionado por su vida académica, lo que se encargó de frustrar las expectativas en él depositadas. Su creciente afición a la bebida, unida a su adhesión a una secta que por aquellos años gozaba de enorme ascendiente en los ámbitos estudiantiles, la de los “Holly Church of Devotion Grass”, fueron los elementos que propiciaron su paulatino descrédito profesional, y la consiguiente no renovación de su contrato.

Sin embargo este cierto malditismo que de tan “buen tono” podía llegar a resultar en determinados ambientes, no fue capaz de concretarse en una nueva obra. Su más que merecida fama de borracho impresentable o, aún mejor, la de gorrón y “pesao de barra”, hubiera elevado a cotas impensables el nuevo poemario. No fue así. Su ingenuidad agreste y sin ambages y su espíritu limpio y embriagado –aunque no siempre de lirismo- fue materialmente incapaz de hilvanar la serie de versos que tan prolijamente comentaba por bares y tabernas. Poco después, su lugar fue ocupado por aquellos seguidores que habían comenzado imitándole y acabaron por desbancarle para, algunos cursos más tarde, postergarlo y finalmente relegarlo a un injusto olvido.

Diez años después de su segunda y celebrada publicación, nadie le recordaba. Ni tan siquiera para mal, en la reserva. Desde luego no su pobre mamá, por entonces ya internada en la “Frenopatic Crazyndian House”. Una institución benéfica.

Por su parte, nuestro autor jamás se decidió a volver a los lugares donde había transcurrido su infancia. Muy por el contrario, se dedicó a vagar de aquí para allá -“a rastrear nuestras viejas huellas, las antiguas tierras de caza” como medio en broma medio en serio solía comentar- durante más de diez años.

Había llegado a convencerse de que ese viaje por los hollados senderos de los rumiantes le permitiría recuperar, aunque fuera sólo de forma subjetiva, sus antiguos territorios. Solía repetir una cita: “Mi tierra no es más que los caminos que la cruzan y entreveran”… atribuida casi siempre a “un tal McLares… o MacLares”, que traía escrita en su sobada antología de morral .

De este modo se produjo una nueva “desaparición”, la segunda de las lagunas documentales que jalonan su vida. Pero, mientras que de la primera hemos podido atisbar ciertos indicios de información, ahora nos enfrentamos a un vacío total, un silencio absoluto que cubre la década de los ochenta. No resultaría exagerado decir que, literalmente desapareció .

BIOGRAFÍA CONCISA DE MYKE SELVE-Hombre apache

Continua ….


(19) Al parecer se trata del mismo William Calley que años después, en el 68, se hiciera amargamente célebre por la masacre de 500 campesinos indefensos en la aldea vietnamita de May Lay, uno de los mayores entre los numerosos “baldones” que se colgó el ejército americano siempre impoluto uniforme.

 

(20) Se refiere al penoso episodio en que Chivington atacó a la tribu de “Caldera Negra”, que había firmado la paz con el gobernador para pasar los peores meses de invierno. Antes de partir, en Denver, había dicho: “Voy a matar indios y creo que es justo y honorable usar de todos los medios que Dios ha puesto a nuestro alcance para matar indios. Hay que matarles a todos y cortarles las cabelleras, grandes o pequeños, porque las liendres acaban por convertirse en piojos”. Al frente de los “700 voluntarios de Colorado” atacó por sorpresa, a pesar de que los indios habían enarbolado banderas blancas e incluso una de Estados Unidos. Entre las 105 víctimas solamente se contaron 28 guerreros, el resto no eran más que mujeres y niños.


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