CUARTA PARTE – (TRES HISTORIAS ÉPICAS) by BROTHER W. KELLOGG

Prof. de Grado Asociado al Antropologic Dpart.
De Salish Kootenai College- (St. Pablo, 406- Campus Univ.)

 Traducción: T. NANCLARES


Leer la Tercera parte

BIOGRAFÍA CONCISA DE MYKE SELVE-Myke selve anciano

Saber, lo que se dice saber, sabemos únicamente lo que él tuvo a bien contarnos. Y es que, obsesionado como andaba por hallar el origen de su cultura, “el pasado totémico del pueblo y la tierra(24) , encaminó sus erráticos pasos hacia el Norte, el “Great Northern” de los pioneros. Parece ser que aquel hombre siempre inquieto, convertido ya en un venerable sexagenario, consiguió sin embargo asentarse durante algún tiempo en los boscosos lagos de Canadá -país al que amaba y consideraba como propio- e incluso llegar hasta los confines de la lejana Alaska.

A su regreso no intentó reencontrarse con los suyos -en realidad ya no podía quedar nadie en la reserva que le esperara – sino que prefirió instalarse en las proximidades, en la aldeana Ochoa, donde ya no había nadie que le recordara o deseara recordarle. En este lugar subsistió como buenamente pudo, viviendo a salto de mata, con trabajillos esporádicos y generalmente breves, de los que inexorablemente era despedido por su afición al alcohol. A veces, incluso se le podía ver mendigar unas monedas a la salida de la iglesia o determinados espectáculos.

Quizás fuera esta penuria lo que le empujara a integrarse en la cuadrilla de desocupados y vagabundos que tenían su hogar en un hangar abandonado de la compañía ferroviaria. Solamente se les veía acudir a la sopa boba y los catres infestados de pulgas de la Prey-mission en las noches más crudas, cuando el durísimo invierno ochoano dejaba sentir su feroz helada. Y eso, simplemente porque habían encontrado a uno de sus compadres muerto por congelación. Ebrio como andaba, se había quedado dormido al relente; así que amaneció igual de duro que el vino de la botella que tenía agarrada por el gollete.

.BIOGRAFÍA CONCISA DE MYKE SELVE-Reservas actuales

Entre trago y trago, la caterva de haraganes ochoanos contaba que, cuando el invierno ya estaba a punto de terminar, y apremiado más por la “puerca necesidad” que por cualquier escrúpulo de conciencia, sintió un repentino deseo de cambio –mira que se lo advertimos todos esa noche… ¡pues no será porque no le avisamos!- y, al poco de amanecer, se dirigió hacia la inhóspita plaza mayor, permanentemente cubierta de una nevisca sucia y pisoteada, a buscar un empleo.

Nuestro Señor El De La Primavera (25), místico combatiente
Bañado por la sangre de sus propias heridas
Regresará de nuevo
Triunfal y victorioso de las guerras del tiempo.
En su mano valiente hay un ramaje florido.
*
Con Nuestro Señor, “El Que Regresa Herido”
Vencedor del Invierno y cubierto de llagas
Otra vez partiremos
Tras las innumerables manadas de la caza.
Cubriendo el mundo entero con esa sangre nueva

(La Primera Mañana)

.

Según reza el acta que levanto el forense, murió accidentalmente al caer de un andamio desde el séptimo piso del edificio en construcción donde trabajaba como eventual peón de albañil, mientras comía un sándwich de atún a la hora del almuerzo. Esta circunstancia, unida al hecho de que el dictamen del forense indicaba un alto contenido de alcohol en sangre, facilitó que la compañía aseguradora ganara el pleito y no tuviera que pagarle ni un centavo a la madre. A ella tampoco pareció importarle mucho pues, aunque con buena salud, por lo demás llevaba varios años sumida en una progresiva demencia senil de corte severo. Ni que decir tiene que la mujer que había sido su compañera durante los venturosos años universitarios y había acabado abandonándolo por otro borracho parecido, nunca tuvo derecho alguno, al no haber existido entre ellos contrato matrimonial de ningún tipo.

BIOGRAFÍA CONCISA DE MYKE SELVE-tumba indigena

En De Salish Kootenai College; 2012
(S. Pablo, 406- Kidstone-Campus)

Fin


(24) – Para su pueblo la tierra no tiene ningún valor -en el sentido en que nosotros entendemos el precio- al no ser como cuantía de espacio, como ámbito por el que vagar libremente tras las manadas de caza. No podía ser de otra forma tratándose como se trata de nómadas, aún en plena etapa paleolítica, sin la menor idea de lo que pueda ser la agricultura. Ni por asomo se les ocurriría sembrar una planta; mucho menos una parcela. Por tanto y como bien se puede comprender, para ellos, la Tierra es otra cosa…

(25) – N. del T. En un primer momento se pensó traducirlo por “Nuestro Señor El Que Porta Doce Lunas Para Abrir El Buen Tiempo”, pero alocución tan larga resultaba poco convincente para un nombre propio. Por ese motivo se prefirió dejarlo tal cual, aunque pudiera chocar con ciertas convecciones occidentales.
Para la mayoría de las tribus “Primavera” era un ente decididamente masculino, lógico si recordamos que era el momento de abandonar el largo letargo invernal, levantar el campamento y partir tras los rebaños. Entonces resultaban inevitables las escaramuzas y peleas entre los diversos clanes por el control efectivo de pastos y animales. Se iniciaba por tanto una etapa crucial, a menudo violenta, de la que dependerían las posibilidades de sustento familiar durante el resto del año. De ahí a transformarse en “Señor de la Guerra”, distaba poco. No hay que olvidar el europeo “Campo de mayo”, que igualmente acabó por convertirse en “Campo de Marte”.
Para ellos, al contrario que para nosotros, Primavera no es –o mejor dicho, no sólo es- la suave estación del galanteo, sino un tiempo esforzado y afanoso en que recomienzan las fatigas y los forcejeos por la supervivencia. Pero no hay que olvidar que también es el tiempo nuevo; la estación que trae otra vez la abundancia y el sol. Por eso lo imaginan como un guerrero joven, cubierto de heridas superficiales y empapado en su propia sangre. En la mano derecha lleva un arma afilada: es la oscura hoja de jade con que mató al viento helado. En la izquierda, “un ramaje florido”.

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