.En el café la Palma - La calle

Adela se aseguró de que la puerta del cuarto de baño estuviera cerrada. Hacía poco tiempo que vivía sola de nuevo, pero mantenía hábitos de anteriores convivencias. Sentada en la tapa blanca del inodoro, miró con ternura la cajita blanca y comenzó a morderse una uña. Adela es joven y en ocasiones nerviosa, todo  al mismo tiempo. Su afición por morderse las uñas nació pronto, de noche. Un beso tuvo la culpa. Pero Adela nunca lo contó ni aprendió a decir que no. Se había pasado dos minutos perfilando la uña con sus dientes cuando se decidió y extrajo del interior de la cajita una pequeña varita plana. La sensación de que una cosa blanca con algo de rosa pudiera predecir el futuro la excitó. Dejó trascurrir el tiempo indicado en el prospecto y mientras tanto terminó de moldear otra uña. Cinco minutos más tarde Adela apoyó con ternura el palito encima del lavabo, bajó la mirada al suelo y se arropó la cabeza entre las manos. Sus piernas, todavía desnudas, comenzaron a temblar.

Las Navidades están próximas. Noviembre encara con fuerza el invierno. La televisión informa de las primeras nevadas en las montañas. Dicen que están cerca de la ciudad, también dicen que tendremos fuertes vientos. Abrigos, bufandas y paraguas comienzan a rellenar las cenicientas calles.

Hace frio y Adela se ha estremecido al salir a la calle. Solo han pasado dos días desde que lo supo. Esta tarde habrá mucha gente en el Café la Palma, piensa mientras camina protegida del viento. Adela mantiene por costumbre quedar con sus amigos en El café la Palma. Está cerca de su casa.

.En el café la Plama - El rincón

Solo son las siete de la tarde, pero la noche ha empezado a llamar cuando Adela empuja la pesada puerta de madera con remaches negros del Café La Palma. El gélido aire del exterior contrasta con el calor del bar, y el murmullo del interior se escapa a la calle. Un gesto de desagrado recorre el rostro de Adela. Mira el entorno en busca de algún amigo y se dirige a su rincón favorito en la barra. Se sienta en un taburete alto y busca al camarero. Los dos sonríen.

  • Un café – Susurra Adela
  • ¿Todo bien? –  Le pregunta el camarero

Adela no responde y continúa observando la puerta. El camarero se distrae con una nueva pareja de chicos que acaba de entrar en el local, y le da la espalda. Solo un joven de cabello claro y ojos negros, se muestra curioso y se acerca a ella, algo agitado. Adela no da señales de agradecer el cortejo y vuelve a mirar con deseo a la puerta.

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  • Tú café. .- Le dice el camarero mientras le acerca una aromática taza blanca.
  • … – Adela no responde
  • Anima esa cara chica… hoy te veo muy guapa – Le dice el camarero antes de retirarse. Ella le devuelve una mínima sonrisa y clava la mirada en la puerta.

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Avivada por la insistencia de Adela, la puerta del Café La Palma se abre. De repente Adela siente el escalofrió que esperaba. Le trepa por la espalda y cuando le llega a los ojos experimenta nauseas. El frio de noviembre acaba de entrar en el Café La Palma. Se llama Jonás, es mayor que ella, pero no es alto. Tiene el cabello ralo y negro y unos ojos rasgados, que le dan al hombre un aire achinado. Los ojos oscuros de Jonás adivinan a Adela. Él esboza una leve sonrisa y ella amaga un saludo con la mano.

Jonás avanza por entre los ruidosos clientes del café, esquivando amigos y saludando a los enemigos. Por fin alcanza el rincón de Adela. Apenas la toca, solo un suave roce con su mejilla y Jonás vocifera “!Una cerveza que vengo seco!”. Las piernas de Adela intentan no temblar. Se muerde con avidez la uña del dedo índice y enseguida pasa al anular.

  • Bueno, ¿Qué es eso que tenías que decirme que no puede esperar a mañana? – Le dice Jonás golpeando con gana el muslo de Adela.

El sonido de la música acalla las palabras y se empieza a escuchar por los altavoces del local a los Héroes del Silencio. Todos los presentes en el Café La Palma festejan con bulla la iniciativa del camarero. Jonás también y comienza a mover su cabeza negra al ritmo de la canción “Entre dos tierras

.En el café La Palma-Heroes del silencio

  • Vamos a un lugar más tranquilo. – Le insinúa Adela
  • Venga tía, ¿De qué vas? No seas rollo. – Le reprende Jonás y arranca a tararear la letra de la canción con desafío. “…pero olvídame que nadie te ha llamado…  ya estas otra vez…  Déjame que yo no tengo la culpa de verte caer
  • Necesito hablar contigo – Le exige Adela
  • ¿Qué es eso que me quieres decir? Aún no comprendo que hago aquí.
  • ¿Me quieres?- Le pregunta Adela de improviso.
  • ¿Pero tú no escuchas nunca? – Responde Jonás visiblemente irritado por la pregunta.
  • No sé. Es difícil empezar… – Adela respira hondo, trata de inmovilizar el temblor de sus piernas, se pasa la mano por el pelo, recoge el flequillo detrás de la oreja, toma aire y empieza a hablar.
  • ¿Qué? – Le grita Jonás mientras continua tarareando el estribillo de la canción – Déjame que yo no tengo la culpa de verte caer… ” – No te oigo
  • Ha dado positiva. – Repite Adela
  • ¿De qué hablas? – responde Jonás y termina la canción

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Adela abandona las uñas y precipita sus dientes a su labio inferior. Los Héroes del Silencio se callan y el caldeado local disfruta de una corta tregua. Jonás la mira con desdén.

  • —¡Es positivo! – Grita Adela ajena al silencio.
  • —Seguro que no es mío -– Vocifera Jonás envuelto en carcajadas.
  • —Cállate estúpido – Ordena Adela visiblemente enfadada y el obedece sorprendido.

Sus palabras vuelan por encima de las cabezas de los habitantes del bar mientras sus miradas se cruzan. Adela trata de disimular su vergüenza, se siente mal. La rojez de su rostro da señales de su irritación, pero disimula la ofensa sonriendo a su humillador. Baja del taburete, aparta a Jonás con la mano y desfila muy despacio por entre los habitantes del café, hasta que por fin alcanza la puerta y la cierra tras de sí.

Es posible que esa noche Adela no pagara el café. También es posible que la oscuridad de Noviembre y aquella fina llovizna la acompañaran hasta su casa. Lo único imposible es que aquella noche fuera la primera luna llena.

.En el café la Palma - La puerta

Relato breve escrito por Merche Postigo

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