Todos los mendigos son anónimos. Ninguno lleva corbata, ni chaqueta, no suelen estar muy aseados, les curte el frío del invierno y los calores del verano. Casi todos los mendigos son iguales.

Una chica de veinte años decide ir de fiesta una noche. Se divierte a lo grande y vacía sus bolsillos para llenar su estómago. Cuando termina la fiesta sale a la calle, fría y nocturna, busca un taxi pero no encuentra dinero en su bolsillo.

Un mendigo, que estaba en su sitio, se le acerca y le ofrece todas las monedas que ha acumulado durante el día y parte de la noche. “Es importante que puedas llegar a casa sana y salva” -le dice el mendigo. La chica acepta y duerme plácidamente en su cama.

Al día siguiente la chica cuenta la historia en internet y solicita dinero solidario. Son muchos los miles de euros que ha recaudado para el mendigo. (Lo más bonito de esta historia es que es totalmente cierta).

Suelto escrito por Pepe Marquina

 

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