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Caminaba como una gacela. El paseo fue corto, pero las miradas que la perseguían,  largas e intensas.

Se acercó a su silla. Se sentó con calma, con delicadeza. Saboreaba el proceso porque se sabía vista y admirada.

Colocada sobre la silla dio la orden a su melena para que iniciara la seducción  de la concurrencia.  El pelo, muy bien conducido y perfectamente amaestrado, se movió en dos direcciones obedeciendo sus instrucciones.

Pero algunos cabellos, rebeldes, no obedecieron. Se quedaron tapando su cara y la hacían hermosa. Pero ella, como mandan los cánones, se retiró el pelo con la mano al lateral que le correspondía.

Despejada la cara, levantó la vista. Allí estaba yo. Y me miró. Juntamos nuestras miradas y la sonrisa que me regaló,  todavía la guardo en mi corazón.

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Suelto escrito por Pepe Marquina

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