.Boda gitana - hermanos

La mañana del domingo de Pascua se presenta soleada y tranquila en el poblado. Las gallinas han salido con prisas del corral en busca del gallo. Este, las espera afuera, plantado en mitad del abrevadero, gritando y despertando a toda la tribu. Con el alboroto, Antonio ha abierto los ojos, y nota que la Sagrario ya no está en la cama. Se levanta disgustado y otea la cocina. Otra vez no hay nada preparado en la mesa para desayunar.
– Ni siquiera sabes robar un huevo pal desayuno – le recrimina ufana la Sagrario mientras lo observa desde la puerta de la calle.

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Antonio se levanta del catre, agacha la cabeza y busca un tronco donde sentarse. En silencio espera a que la Sagrario le sirva el desayuno. Llevan dos años unidos por el rito gitano. Antonio es el hijo de la Santa, una de las hermanas, solo de padre, de la madre de la Sagrario. Es un hombre cejudo y muy limitado en el arte del amor y en lo de trabajar. A la Sagrario esto no le gusta y no ceja en sus continuas recriminaciones.
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Antonio tiene un hermano. El hermano de Antonio es un buen negociante y cada mañana lo arrastra a mercadear con la ropa que roba por la noche. Instalan el tenderete en los rastrillos de los pueblos vecinos y una vez delimitado el territorio, el hermano de Antonio bocea el producto.
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– Lo haces bien, jodido – le dice la Sagrario – con tus gritos consigues que las mujeres compren to lo que ofreces.
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El hermano de Antonio disfrutaba mucho de la Sagrario y de sus halagos.
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Hermanos - Bragas
La semana pasada vendieron bragas. Al grito de: ”Solo a un euro señoras. Dos bragas por un euro” las mujeres se agolpaban frente al puesto. “Las bragas que curan la apatía de sus maridos” Insistía eufórico el hermano de Antonio, y las mujeres compraban entre exclamaciones y carcajadas sonoras. “Volverán locos a vuestros novios”, “las bragas del amor”. Las ventas crecían al ritmo de los gritos. Mientras tanto Antonio, apático y ausente, se protegía del sol bajo la lona, y contaba los euros, que las emocionadas mujeres entregan con alegría a su hermano.
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Ese día las bragas se terminaron pronto y los dos hermanos decidieron retirar el toldo y emborracharse. Se encerraron a la sombra de la tasca del Pepe, decididos a rematar la jornada con el vino del ventero y así lo hicieron, ya lo creo que lo hicieron. Disfrutaron celebrando las buenas ventas. Antonio a penas si saboreaba el vino, temía la reacción de la Sagrario cuando descubriera que habían bebido . Y !así fue!. Ese día La Sagrario, con grandes zancadas y fuertes sofocos, recorrió las callejuelas del poblado buscando a su marido, hasta que dio con él.  “Hombre de mala madre” le gritaba la gitana.  Los de las chabolas estaban acostumbrados a ver a la Sagrario gritando al Antonio. La Sagrario era una gitana potente y de talla grande, la talla adecuada para que las bragas del hermano de Antonio le quedaran bien. Al cuñado le gustaba mucho el culo de la Sagrario y le guardaba las mejores bragas. “Las más grande pa mi cuñá”, decía entre risotadas a los otros vendedores y la Sagrario celebraba con fingidos aspavientos de vergüenza estos regalos. “Aprende a regalar, pasmao” le repetía entre carcajadas a Antonio. “Qué mal gitano eres Antonio” “El gitano más desaborío de tol corral”, “man casao con el peor” Sagrario disfrutaba con esta retahíla de insultos, y como no podia ser de otra manera, el resto del clan celebraba con palmas los regalos del hermano y las burlas de la Sagrario. Antonio solo agachaba la cabeza y buscaba un tronco para sentarse.
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   Este domingo de Pascua estaba transcurriendo calmoso. Era la hora de la siesta, y el pollo se había encerrado en el corral, rodeado de las gallinas. Dormitaba cerca de la rubia, la preferida. La Sagrario no está cuando el hermano de Antonio asoma la cabeza por la puerta de la chabola.
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 – Antonio, compadre, ¿Qué haces? , jodido. – le pregunta el hermano.
 – No encuentro a la Sagrario – responde Antonio cariacontecido.
 – Estará en el rio, hombre – le grita socarrón el hermano
 – !Que no! que no ha dormido la siesta en la chabola  – responde Antonio–. La Sagrario es una gitana loca, pero la siesta, la siesta siempre conmigo.
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Antonio no para de rascarse la cabeza con saña. Hace algún tiempo que los chinches se mudaron a la choza. “Joer. Mira que le he dicho a la Sagra que limpie el catre, ahora tendrá que pasarme la lendrera pa quitarme a estos bichos de encima. Me caguen en to lo más barrido”. Al cabo de un rato se le olvida de los piojos y se queda mirando a su hermano.
Vamos, espabila Antonio que hoy es domingo y tenemos que vender to el material
Yo no voy hoy – responde Antonio preocupado.
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 – Compadre no seas hijo puta – grita enfadado el hermano – ¿me vas a dejar tirao hoy?
 – Hostias que no sé dónde está la Sagrario  -responde furibundo Antonio – ¿ y si le ha pasao algo malo? 
¡Qué hostias le va a pasar! -esa sabe cuidarse, vamos pal mercao que ya habrá vuelto pa cuando acabemos.
.     Hermanos - Furgoneta
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Antonio, hombre de voluntad fácil, se deja convencer y se sienta en la furgoneta junto a su hermano. Conducen deprisa hasta la plaza del pueblo más cercano y con las carreras aparcan en el puesto destinado a los Jiménez. Los Jiménez dan señales de que no les gusta que les roben la zona, pero el hermano de Antonio los convence con un “Me cagüen Dios” y los Jiménez se marchan.
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 – ¡Las bragas del amor! –comienza a vocear el hermano de Antonio –. Venga, señora, dos por solo un euro y su marido comerá de su mano.
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La idea de no saber dónde está su Sagrario no deja disfrutar a Antonio del éxito de las ventas. Las bragas se terminan hoy más pronto que otras veces y los dos hermanos recogen el puesto antes que los demás feriantes. Antonio mete prisa a su hermano para volver al poblado a buscar a la Sagrario,  pero su hermano quiere ir a la taberna, ¨a vitorear la Pascua chiquillo¨. En esta ocasión el hermano de Antonio cede a los ruegos de su hermano. Hoy no habrá vino con los amigos, no habrá celebración de las ventas. De seguido arrancan la furgoneta y prontamente se presentan de vuelta en el poblado. Está vacío y en silencio. Les extraña el silencio. El gallo ha dejado a las gallinas en el corral y descansa a la sombra del tejadillo de la cantina. La cantina tiene la puerta entre abierta, no hay nadie dentro. Los gitanos aún no han vuelto del mercadillo del domingo de Pascua. Antonio deja a su hermano en la cantina y va derecho a su chabola. Insiste en llamar a la Sagrario, pero nadie responde. Dentro de la choza todo está  tal y como lo había dejado antes de irse al mercado. Antonio se obsesiona con la falta de su mujer y llama a su hermano con grandes voces. El vendedor de bragas está en la cantina disfrutando del vino gratis que ofrece la ausencia del cantinero y no responde.
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Antonio se acerca furibundo a la cantina y abre la puerta con arrebato.
– Hostia compadre, !la Sagrario no está en la casa!
– !No me jodas! – responde el hermano con guasa
Joer, que no está te digo. No sé adónde puede haber ido. Mal rayo parta a la Sagrario, si sa marchaó esta vez.
 – ¿A dónde va a ir sola esa gintana? – se burla el hermano, mientras paladea el vino peleón de la cantina.
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El gallo - hermanosEl gallo se despierta con los gritos de los hermanos y parece tener ganas de molestar a la gallina rubia, la más joven, pero no la encuentra. Algunos gitanos, animados por los gritos, empiezan a remolinarse en la entrada de la cantina. Les cuentan, a los hermanos, que por el camino que lleva a la aldea desde el pueblo, viene subiendo la madre de la Sagrario y va gritando.
 – Esta mujer siempre grita, de ahí ha sacao la hija ese carácter tan revenío – dice Antonio mientras el hermano le ríe el chascarrillo a carcajadas.
   Los hermanos salen de la cantina para escuchar mejor a la madre de la Sagrario. La ven mover los brazos con aspavientos, dando gritos y volteando sobre sí misma, patalea sin parar.
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– A esta mujer la dao algo – dice Antonio.
– Quiá -le contesta el hermano mientras apura el vaso de vino – Con esa gitana es siempre lo mismo, muchos gritos y poca sustancia.
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Con los gritos de la gitana el gallo se asusta y comienza a revolotear sobresaltado,  dándose trompazos contra la puerta del gallinero sin atinar a entrar.
“!Está muerta, está muerta!” alcanzan a escuchar los hermanos. “No he podido hacer nada” dice la madre de la Sagrario entre sollozos.
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Antonio se teme lo peor y se derrumba en el suelo tapándose la cara con gemidos de dolor.
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     “Hijo de mala madre” “levántate del suelo, desgracia de hombre que me ha tocado”. “Ha sido el pero, el perro ha matado a la rubia” Antonio levanta la cabeza y entre lagrimas ve a la Sagrario que camina gritando detrás de su madre:  “Ha tenido que morir la gallina para que me llores, desgraciao
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Gitanos - Hermanos
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Relato Breve escrito por Merche Postigo

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