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Cuentan las crónicas  que en su época de estudiante le gustaba salir todas las noches en la ciudad complutense y volvía a la residencia universitaria “muy colocado”.

Para evitar el castigo de las autoridades los compañeros hacían descender hasta la calle un canasto de mimbre. Con cuerdas lo izaban hasta la habitación.

Como esto le ocurría a Quevedo todas las noches, sus compañeros se iban cansando y decidieron darle una lección.

La noche siguiente cuando solicitó el auxilio de los colegas, éstos decidieron subirle en el canasto pero hasta mitad de altura. Le dejaron colgado, con el evidente peligro de que se pudiera caer.

Quevedo escribió un día (no sé, si antes o después):

“La soberbia  nunca baja de donde sube,

porque siempre cae de donde subió”.

.Quevedo y la sovervia

Suelto escrito por Pepe Marquina

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