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Hace unos años en los pueblos de España nos divertíamos formando dos equipos de tres o cuatro jugadores cada uno. Al equipo que le tocaba “pararla” se ponía en fila, de forma que el primero se colocaba de espaldas a la pared y se le llamaba “madre”. Los demás se agachaban apoyándose sobre el primero y ponían la cabeza entre las piernas del compañero anterior. Se formaba una fila de niños agachados.

Los jugadores del equipo contrario saltaban uno por uno encima de ellos llegando lo más adelante para que cupieran todos. El primero que saltaba cantaba eso de “Churro, manga, mediamanga, manga entera” y colocaba su mano derecha sobre la otra mano (churro), su muñeca (manga), su codo (media manga) o su hombro (manga entera).

 

El último de los agachados que era el que más peso llevaba tenía que adivinar dónde se había colocado la mano el primer jugador del equipo contrario.

Recuerdo un niño veraneante, algo rubiales y larguirucho,  que venía los veranos al pueblo. Le gustaba mucho este juego y siempre participaba. En una ocasión él señaló “media manga” y el equipo contrario dijo “manga entera”. Se entabló una discusión entre los dos equipos que  hubo más que palabras. Intervino hasta el alcalde. Este niño dijo que por tan poca tela de diferencia no quería ni discutir, ni jugar y que ya no volvería más al pueblo.  Y no volvió. Recuerdo que le llamábamos Gerardo “el picao”.

.media manga

Suelto escrito por Pepe Marquina

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