DE VUELTA AL CUENTO

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Para sobrevivir, para continuar viviendo invocamos de nuevo tu poder, oh señora, oh  tú, esclava Scherezade!

– No te duermas, Ayeh, no te duermas ¡Ni se te ocurra cerrar los ojos! Un esfuerzo ¡Haz un esfuerzo! Si te portas bien y haces lo que te digo, te contaré una antiquísima tradición de mi aldea. Pero esta vez, hazme caso, ¡Resiste al cansancio, y no te duermas!

ZAFIRE YAHIH - VUELTA AL CUENTO

Zafire aprieta su mano contra la sien herida de Ayeh mientras le pasa la otra bajo la nuca, para elevarle un poco la cabeza y facilitarle la respiración y la consciencia.

-Mi cuento es tan antiguo como el miedo que sentimos o este desesperado viaje. Sus palabras están viejas y gastadas, pues han sido cientos… no, miles de veces repetidas. Escucha ahora, óyeme, Ayeh:

Justo en el medio, en el centro de este extraño país al que acabamos de llegar y que desconocemos, hay una gran ciudad. Una ciudad mayor de las que tú y yo hayamos visto jamás. Crece sin parar y se extiende ensuciando el paisaje como una mancha de tinta sobre el mantel blanco. Pues bien, has de saber que allí vive el hombre que se aferra, como el náufrago que es, a una rutina maquinal. Porque no se acuerda. Porque ha comenzado a perder la memoria y ya no recuerda. De casi nada. Ni siquiera de la confirmación de un diagnóstico letal; un diagnóstico de esclerosis múltiple. Es el hombre que olvida. Su hermana Teresa continúa empeñada en su ejercicio cotidiano de lectura; lo llama gimnasia mental.  Día tras día. Algo inútil y tedioso, pues nada es capaz de detener el avance de la enfermedad. De un mal como ese, neurodegenerativo. Él lo sabe bien. Lo sabe de sobra.

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Ayeh

Pues claro que le parece pesado y aburrido, pero le sigue el juego para no verla apenada; aún más apenada. Y aunque de pequeño escuchó un cuento prodigioso, también lo ha olvidado. Solamente por ese motivo, porque desearía recordar, todos los días, mientras Teresa acude a su trabajo, se sienta y escribe. Su particular idea de gimnasia. Escribe durante un par de horas -No te duermas Ayeh, no cierres los ojos- y has de saber que aquello que el hombre escribe hoy no es más que nuestra triste historia, el cuento que habla de nuestro destino. Mas, de pronto, en mitad de la noche, de esta negra noche que nos rodea a él, a ti y a mí, ha recordado otro episodio. Y el pasaje que ha recordado nos atañe, pues habla de nuestra suerte, de nuestra triste fortuna. Y lo que allí se dice, es que no somos estas dos miserables, estas dos  pobres desgraciadas. No. Ni tampoco dos infelices que no tienen donde caer muertas. Esta noche, por fin, después de tanta penuria y tanta adversidad pasadas, ha recordado que procedemos de otra edad y de otra gente. Que somos, en realidad, seres fantásticos, almas valerosas descendientes de sagas y estirpes de otro tiempo. Al fin, ha reparado en que somos heroínas maltrechas de una mitología desaparecida. Y mientras pronuncia estas últimas palabras, puede advertir cómo los empapados jirones de Ayeh se convierten en las duras escamas de un arnés de plata, sobe las que el hilo cobrizo de la sangre va dibujando un alfabeto fabuloso.

 

Y Zafire continúa hablando mientras llora, pues Zafire llora en altas voces, como acostumbran a hacer los bravos montañeses de su tribu, y sigue diciendo al tiempo que cierra con cuidado los ojos congelados de la amiga

– Esta noche ha recordado que pertenecemos a una antiquísima casta, a un remoto linaje de guardianes místicos. La estirpe encargada de abrir y cerrar las compuertas del cuento.

.ZAFIRE AYEH - VUELTA AL CUENTO 2

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Relato Breve escrito por Alejandro Nanclares

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