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Un sábado  del  verano.

Una iglesia rebosante que huele a devoción.

Una madre que canta a su hijo con amor.

Unas palabras cargadas de  emoción.

Una poesía de la arteria.

Una bella poesía que le sale del corazón.

Un jirón de piel por cada verso.

Una cúpula embriagada de placer.

Unas lágrimas que afloran en los presentes.

Se llama María Jesús Gil:

“Víctor, el día que tú naciste

para mí nació una flor.

Y prendida yo te llevo,

dentro de mi corazón.

Yo que te he llevado dentro

y eres parte de mi vida,

al mundo quiero gritarle

que eres mi gran alegría.

Cuando te tuve en mis brazos,

y vi tu cara preciosa,

ante la virgen me arrodillé

y en agradecimiento le recé.

 

Rodaron por mis mejillas

lagrimas de amor.

Yo te colmaba de besos

con una gran emoción.

 

Yo te vestí para el bautizo,

tu comunión y confirmación.

Hoy te visto de novio

y os bendigo con amor”.

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Poesia – por Pepe Marquina

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