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Hace unos días se cumplieron años de la muerte del más grande: Groucho Marx.

Escribió en una ocasión un libro. Bien aconsejado, decidió regalar un huevo frito a cada persona que comprara su libro. La noticia llegó hasta las granjas de aves. La gente llevaba pan para comerse el huevo frito. El libro lo tiraban al río. A la postre pusieron una panadería al lado de cada kiosko. El negocio fue redondo.

Una mujer se encontró en una ocasión con Groucho y le dijo: “Por favor, no se muera nunca”. Pero Groucho, pelín rebelde, no le hizo caso.

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Suelto escrito por Pepe Marquina

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