.Invitación de boda - la carta

El día que decidí volver a casa no sabía muy bien lo que hacía. En ocasiones te empeñas en saltar muros imposibles hasta que ves la altura de las vallas. Habían pasado muchos años desde que abandoné a mi entorno. Tenía solo veinte y muchos deseos escritos en un pedazo de papel. Ahora llevaba tiempo buscando motivos para regresar.

Encontré la invitación de boda en el buzón. Las bodas siempre son un buen porqué para reencontrar a viejos amigos, incluso para perdonar a enemigos. El hijo pequeño de mi hermano, un sobrino desconocido para mí, se casaba al final del verano y mi familia había tenido a bien invitarme. Aquello me resultó por igual, extraño y afortunado, la gran ocasión para regresar.

Durante el invierno previo a la boda, entre gotas de lluvia y copos de nieve, fui  planificando el reencuentro. Escribiendo cartas de agradecimiento por la invitación y anunciando mi llegada, dejando mensajes en el buzón de voz de mi hermano y de sus hijos, y después  alquilé una casa por internet.

La casa estaba ubicada a las afueras del pueblo. Tenía tres pisos de altura, seis habitaciones y la buhardilla, un jardín de hierba rodeaba el edificio y una valla de eucalipto y piedras la protegían de curiosos. Parecía grande. Nosotros somos pocos de familia. Mi madre solo engendró dos hijos, ni el dinero ni el amor le alcanzó para ir más allá. La familia de la mujer de mi hermano, es más extensa que la mía, pero ellos no estaba previsto que asistieran a mi encuentro en la casa.

Conduciendo hacia el pueblo pensé en parar el coche y llamar, pero no lo hice. Ahora me arrepiento.

.Invitacion de bodas - La casa

La tarde inundaba de luces tenues la calle. La reconocí en la distancia. Las fotos de la web de alquiler no engañaban. El jardín delantero encaraba la calle principal, escondiendo la casa detrás de la valla de piedras y de eucaliptos. Tenía grandes ventanas, enmarcadas con contraventanas verdes que le daban un aspecto rústico y alegre. La puerta estaba entreabierta. Inspeccioné el interior. Ninguna señal de vida dentro.. Las habitaciones de la primera planta estaban recogidas y las camas hechas. Subí a la buhardilla apesadumbrada, pensando en que era tarde y era mi culpa.

Yo estaba soltera, mi madre había enviudado y su único hijo varón, mi hermano, era rico. Él pagaba religiosamente las facturas de la joven enfermera que acompañaba a mi madre a todas partes. Ellas se instalarían en el primer piso, así las escaleras no serían un obstáculo. Los chicos y mi hermano lo harían en la planta principal, y yo me quedaría en el último piso, donde había una buhardilla bastante amplia, con un foco de luz que penetraba por un ventanuco redondo orientado al oeste que amarilleaba las paredes.

Ordené la ropa. Después me paseé por la casa. El comedor de la primera planta, era grande y estaba decorado con gusto. Olía a naftalina y limón. Un gran jarrón encima de la mesa, adornado con hortensias azules, completaba la escena. En la cocina encontré dentro de la nevera, canapés de queso y ensaladilla. Decidí comer algo mientras esperaba a los míos. Aburrida por la espera decidí subir a la buhardilla y dar cuenta de alguno de mis numerosos libros. La lectura me arrulló y el sueño me venció en algún momento del desvelo y no los escuché cuando llegaron.

La luz de la mañana me despertó, sentí ruidos en el piso de abajo. ¡Habían llegado por fin¡ Me levanté decidida a sorprenderlos. Desde la escalera les grité. Estaban desayunando y no me escucharon. Me di media vuelta, la idea de aparecer delante de todos en camisón no me convencía, sería mejor darme una ducha rápida y vestirme antes de bajar a su encuentro. El agua terminó de despejarme. Bajé las escaleras corriendo. En el salón solo quedaba el jarrón en el centro de la mesa, las flores me parecieron nuevas. Me extrañé al no encontrar a nadie, al fin y al cabo no había tardado tanto en ducharme. Busqué con ansia alguna nota, un mensaje con el puño y la letra de alguno de los míos, un simple papel en el que me indicaran el lugar donde me esperaban para pasar el primer día juntos.  Quizás a la orilla del rio, o en la pradera. Llamé a sus teléfonos pero tampoco respondieron. Vencida por la evidencia, me refugié en el jardín. Había traído muchos libros, ellos siempre me acompañan en mis solitarios viajes. Recogí las cervezas que  aún estaban en el coche y decidí esperarlos sentada en una de las butacas del jardín.

.Invitacion de bodas - el jarronLa noche llegó de nuevo y oscureció el jardín, la lectura resultó imposible y las cervezas se habían terminado. El calor del día se llenó de frescura y mosquitos. Subí a la buhardilla y busqué una rebeca. La ansiedad comenzaba a hacerse hueco en mi cabeza. Pude ver las estrellas a través del tragaluz.

El silencio que se escuchaba en la casa era muy fuerte. De repente un estruendo proveniente de la calle principal me sobresaltó. El tubo de escape de una motocicleta. Bajé al salón. Las luces estaban apagadas y el jarrón de flores en el centro de la mesa hacia sombras extrañas. Me acurruqué en el sofá, encendí la televisión y me aseguré de esta vez los vería entrar por la puerta de la casa.

El sonido del timbre de la puerta principal me sobresaltó. Abrí la puerta bostezando, me sorprendí al ver un par de policías locales que con rostros circunspectos me pedían amablemente mi documentación.

Todo había sido un gran error, una tonta y estúpida confusión. Mi familia no me esperaba en estas ni en ningunas otras vacaciones. Los policías del pueblo, entre divertidos y asombrados, me informaron de todo. Mi hermano y sus hijos disfrutaban de las vísperas de la boda, en la casa de la playa de su cuñado. A mi madre la habían ingresado en una residencia para mayores de la zona y a la joven enfermera mi hermano le habían pagado el billete de regreso a Cuba.

Aún no lo entiendo y nadie supo decirme porqué la invitación de bodas llegó a mi buzón. Tampoco me supieron explicar cómo había conseguido alquilar la casa. Lo único cierto en todo aquello era que la casa de tres plantas estaba en venta.

Volví a mi casa con los libros. He cambiado de teléfono y de número, pero aún hoy, de vez en cuando miro mi viejo aparato por si suena, al cartero lo jubilaron al día siguiente de mi regreso.

.Invitacion de boda  - los libros

Relato breve escrito por Merche Postigo

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