.Papeles en la pared -telefono

Los viernes a las siete de la tarde, de vuelta de la rutina de un trabajo en una oficina sin luz ni ventanas, Pascual se quitaba la ropa sudada por el calor y por la ausencia de aire acondicionado, se refrescaba bajo la ducha, y una vez enfundado en el viejo chándal de felpa del instituto se sentaba en el sillón, junto a la ventana, y marcaba aquel número en el teléfono. La llamada de los viernes. Ella en la distancia esperaba.

El tiempo se les escapaba con la conversación. Pasaba rápido. Hablaban mucho. Se lo contaban todo. Lo que había sucedido durante la semana, y lo que estuvo a punto de suceder pero, no ocurrió.

Ayer soñaban con la próxima llamada. A la misma hora, las nueve, el mismo día, el viernes, como siempre.

Hoy se buscan entre las hojas de papel amarillo colgadas en la pared. Papeles llenos de nombres. Personas desaparecidas o no encontradas.

Todas las comunicaciones estarán suspendidas de forma indefinida”. Así lo anunció el ministro del interior en la televisión nacional.

.papeles en la pared- televisionEran las nueve de la noche de un jueves del mes de octubre, Pascual escuchaba la televisión local al tiempo que preparaba su cena. Las noticias se interrumpieron. El ministro del interior apareció en el comedor de Pascual. Un señor entrado en años que se mostraba circunspecto y anunciaba con voz monótona la ruptura de relaciones con la ciudad de Barcelona. Repitió con desdén que los representantes elegidos por la ciudadanía habían tomado la decisión unilateral de separarse de Madrid. Después informó del corte de comunicaciones. Las carreteras, el espacio aéreo y, por supuesto, las comunicaciones marinas, estaban interrumpidas. A Pascual le sorprendió la última. No hay mar entre las dos ciudades. La confusión inicial era grande y el ministro pedía calma. Recomendaba a todos los habitantes, sobre todo a los de Barcelona, mantenerse en sus casas, no salir a las calles. Los servicios públicos no funcionaban, las líneas telefónicas estaban cortadas y las ambulancias confiscadas. En Madrid, sin embargo, todo parecía estar tranquilo.

.

La mañana siguiente a la independencia, Pascual volvió a la calle. La llovizna gris ocultaba las señales. Las personas caminaban cabizbajas a sus destinos, algunos incluso corrían, en la entrada del colegio cercano a la casa de Pascual los padres lloraban al dejar a sus hijos. Ríos de rostros malhumorados llenaban las grandes avenidas. Ruido de motores de gasolina, tubos de escape sucios de humo gris que ahogaban los pensamientos. Pascual sabía que era viernes y con un deseo ausente de emociones esperó a terminar el día. Cuando el reloj viejo de la oficina llegó a las siete, Pascual dio un portazo ansioso y enfiló el pasillo a oscuras.

Las semanas pasaban. Llamadas no respondidas. Un bosque de silencios. Sin noticias. El espíritu optimista de Pascual comenzó a apagarse, la llama de la esperanza era cada día más corta. El cable del teléfono también. No era suficiente largo, no alcanzaba la distancia que separaba el salón de la habitación. Pascual ya no salía de casa. La oficina se había cerrado. Se movió desde el salón hasta la habitación y se instalaron juntos.

.papeles en la pared - RadioGiordina escucha atónita la radio nacional cada noche en busca de noticias. Al principio creyó que lo que contaban era una teatralización radiofónica, muy real, pero teatro, al estilo de aquella que interpretó Orson Wells, la guerra de los mundos, y no le dio mayor importancia. Sale al balcón sin miedo, la calle inesperadamente vacía le sorprende. Es jueves y han dado las nueve de la noche en Barcelona. El silencio asusta con sus ruidos. Se pregunta dónde están todos. Donde están los vecinos, los turistas, los niños, los ancianos, las prostitutas, ni siquiera los borrachos del parque estaban en sus bancos. Insiste y sube el sonido a la radio “No salgan de sus casas, las calles son peligrosas, esperen nuevas noticias”  Entonces es cierto, está pasando. El miedo comienza a apoderarse de su ánimo y piensa en él. Descuelga el teléfono. No es viernes, pero lo necesita. “Sentimos comunicarle que la señal telefónica con el número marcado no funciona, pruebe más tarde”, su única respuesta, se seca la lagrima que discurre por su mejilla y cierra el balcón..

Los papeles en la pared con las listas de personas desaparecidas ocupan cada día más espacio..

Algunas banderas de colores han comenzado a desplegarse en las calles. Estallidos de cargas policiales ensordecen los discursos de los manifestantes. Lejanos estruendos que saben a disparos oscurecen sus noches. Sus cabellos se han blanqueado. Sus nombres no han aparecido en las listas y las líneas telefónicas nunca se más se repararon.

.papeles en la pared - Rene Magritt

Relato breve escrito por Merche Postigo

Anuncios