.duck ' pato

El invierno estaba siendo mucho más frio este año en el norte de Europa que nunca antes y las plumas de pato en el estanque del Retiro no auspiciaban nada bueno, pero ya había tomado la decisión de marcharse.

El avión llegó con retraso, como era de esperar por el temporal que azotaba la zona. El pequeño aeropuerto de Mageroya estaba vacío a esa hora. Adentrarse en la zona más fría del planeta en medio de una tormenta de nieve y viento no le asustaba, pero enfrentarse a la sala de llegadas de un aeropuerto vacía le produjo un persistente temblor en la pierna derecha. Ajustó la cremallera del “doudoune” su recién estrenado chaquetón de plumas negro y buscó la salida más cercana, La extrañaba.

La tormenta de nieve había oscurecido el paisaje blanco y las aceras estaban resbaladizas. Un manto de frio nevado cubría los coches aparcados frente a la terminal, desde donde un solitario y sonriente pelirrojo con el brazo en alto y en agitación aportaba un toque de color a la escena.

         Hello Rodrigo,  hi I am here.

La ausencia de otros viajeros llamados Rodrigo en la zona de salidas le hizo comprender que las señales del pelirrojo eran para él y respondió al saludo con un movimiento de la mano,  acompañado de una sonrisa nerviosa. El temblor de la pierna derecha persistía intermitente. Rodrigo cruzó por el paso de peatones apenas visible por la acumulación de nieve y estrechó la mano enguantada del hombre pelirrojo.

El mes de Febrero se terminaría en un par de días y pronto la luz del sol calentaría las vidas de los alegres habitantes de aquella pequeña ciudad al norte de Noruega. Una diminuta isla, la última en el camino de ascenso al polo norte, una isla donde Ricardo había decidido recluirse por un tiempo. “Hasta que aclare las ideas”. Acarició el “doudoune” de plumas negras francés y sintió que este le devolvía algo del calor negado en Madrid. Olav el pelirrojo acomodó el equipaje de Rodrigo en el maletero del viejo Volvo verde y arrancó el motor. Dentro del coche hacía calor y la pierna de Ricardo dejó de temblar.  Se relajó, entornó los ojos y se dejó llevar por la belleza del paisaje blanco, solo roto en ocasiones por el negro de las plumas de los cuervos. La pierna dejó de temblar.

duck fjære - plumas de pato

Olav lo acercó hasta la puerta del pequeño hotel “duck fjære”.apenas iluminado y situado en el centro de la ciudad. Le advirtió que al día siguiente lo recogería a las nueve y que irían a visitar el apartamento elegido por la empresa, donde Rodrigo se iba a alojar durante el tiempo que durasen las obras del túnel del polo norte. Ubicado en la calle “fjærens”. La afable y benevolente amabilidad de los responsables del pequeño hotel le ayudó a sentirse como en casa. La pierna derecha se tranquilizó por completo y las plumas del relleno nórdico de la cama completaban la escena, sus plumas le acariciarían durante la noche. 

Rodrigo dormitó y soñó, alternando sueños con desvelos. En sus sueños había patos, muchos patos, patos desplumados volaban sobre su cabeza, patos que lanzaban plumas. Plumas que parecían bombas. Bombas que estallaban a sus pies. Pequeños impactos mórbidos que cubrían sus cabellos de rojo. Rodrigo se acurrucaba en el suelo, se cubría de nieve para protegerse de las plumas, pero las plumas lo encontraban y le aplastaban hasta ahogarlo en un lago rojo. Se despertó sudoroso. Las luces de la calle aún encendidas iluminaban la nieve que insistía en su persistente caída. La luna se asomó por su ventana.

A la hora establecida, Olav  le esperaba en la recepción del hotel. Cuando se encontraron aún mantenía la misma sonrisa congelada del día anterior. Le ofreció un café caliente que Rodrigo aceptó agradecido. Entre sorbos de café y pellizcos del “sitronkakese intercambiaron algunas palabras,  palabras de cortesía que relegaron a segundo plano los extraños sueños de Rodrigo. La visita al apartamento se iba a retrasar le informó Olav. Problema con la nieve caída durante la noche. Algunas tuberías se  habían congelado. Todo estaría listo hacia las dos de la tarde. Precisión nórdica, pensó Rodrigo.  Olav le propuso enseñarle la ciudad y Rodrigo decidió perderse en las calles vacías de personas y llenas de nieve.

El edificio de apartamentos de la calle fjærens le pareció acogedor. Una gruesa moqueta silenciaba sus pisadas y aportaba el calor que a él le faltaba. Dejaron las botas en la entrada, apiladas junto con los zapatos de los otros habitantes del edificio. Algunas plumas de pato de había fijado en la suela. Mientras Olav explicaba las normas de la comunidad a Rodrigo, la luz roja del ascensor iluminó el rellano.  Se le congelaron  las palabras cuando la vio cruzar el corredor en dirección a la puerta 606. Iba descalza pero aún llevaba puesto el mismo “doudoune” beis de plumas francés. Algunas se escaparon y permanecieron volando en el pasillo después que ella cerrara la puerta.  Rodrigo tomó las llaves de su apartamento y se despidió de  Olav.  Al cerrar su puerta las plumas se colaron.

.Plumas

Relato Breve escrito por Merche Postigo

 

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