Lisboa puerta B1.

Mientras ella miraba asombrada a aquel hombre de manos grandes, cuello grueso de toro, de cabellos finos, rubios y lisos, fuertes como lianas, de boca sensual , de mentón corto y ojos azules, el cruzó el umbral de la puerta de la habitación que compartían, inclinando la cabeza. Dos metros de altura le impedían hacerlo de otra forma.

Habían pasado dos años, dos años sin verse y apenas si se reconocieron al principio. Aquello fue una separación forzada o quizás forzosa. Fue su culpa piensa ella. Él sin embargo no lo entendió en aquel momento. Ella, una muñeca, ahora parecía más pequeña que entonces. Él seguía siendo un dios nórdico. Se alzó y de puntillas besó la mejilla entre blanca y rosada del vikingo. Él permaneció frio. No ha cambiado, pensó ella. Después de un tiempo prudente, la sujetó por la cintura y la alzó hasta juntar sus ojos con los de ella, pero los labios se anticiparon al encuentro.

Los altavoces del aeropuerto comenzaron a llamar para el embarque. Destino Lisboa, diríjanse a la puerta B1. La voz metálica repitió la llamada en un par de ocasiones, la segunda lo dijo en Ingles. Ella no hablaba inglés. Por un momento se sintió indefensa con los pies en el aire. Él la depositó con suavidad de vuelta en la moqueta. Sus ojos se perdieron. Ella no quiso volver la cabeza mientras se alejaba. A él le costó dejarla ir. Ella cruzó la puerta B1 y desapareció. De nuevo pensó él. Esperó hasta que la puerta B1 se cerró y el último pasajero desapareció de visión.

Solo entonces lo comprendieron.

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Relato Breve escrito por Merche Postigo

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