Bestiario

No pensaba comprar nada, solamente paseaba del brazo de Gina curioseando entre los tenderetes de libros viejos de ocasión.

Tampoco sé por qué me interesó aquel lomo de piel. Quizá por la pátina de su badana, ajada pero lustrosa de tanto uso.

Las tapas tenían una pequeña hebilla asegurando el contenido y, al abrirla, las páginas cayeron al suelo como si nunca hubieran sido encuadernadas, sólo apresadas. Me agaché instintivamente para enmendar el desastre, antes que llegara el vendedor. Demasiado tarde. Dijo que era culpa mía y debía comprarlo.  Azorado, no me atreví a protestar. Tampoco me pareció caro.

Ya en casa, decidí reorganizarlo. Para mi disgusto las páginas no tenían numeración y para mi sorpresa las primeras contaban una historia coherente. Parecían ordenadas. Continúe leyendo. La intrigante narración me absorbió toda la noche. Al amanecer quise preparar café pero, un simple descuido, y todo volvió a derramarse ¡Qué fastidio! Lo recogí de cualquier manera, hice café y busqué el hilo interrumpido ¡Imposible! El libro, a cambio, ofrecía otra historia aún más interesante.

No puedo dejar de leer. He perdido el trabajo. También a los amigos, cansados de telefonear o dejar mensajes sin respuesta. La última fue Gina. Ayer tarde vino y estuvo llamando a la puerta. No abrí. No logré abandonar la lectura.

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Relato breve escrito por Alejandro Nanclares