EufemismoDel lat. euphemismus, y este del gr. εὐφημισμός euphēmismós.
  1. m. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.

Seguridad Social - crisantemos

Cuando asistí a la boda de Vanessa no parecía que hubiera nada extraño en su marido.

Seis meses y una página de contactos en Internet hicieron posible el encuentro. Ella necesitaba mejorar su vida social, él solo buscaba dinero. Perfectos el uno para la otra. Él, puso mucho empeño en quererla. Ella, se dejó querer. Una evidente diferencia de edad no planteó reparos en ninguno de los dos. Para el viejo ex empleado de banca, ella era su último trofeo. Para ella, una diosa de la seducción, él solo aportaba seguridad social.

Un divorcio ruinoso, una ex mujer resentida y unos hijos ausentes, habían aportado mucha precariedad a la vida del banquero. Mal vivía de prestado en la oficina de un amigo, durmiendo en un sofá de escay verde agotado por el uso. Los escasos amigos que aun respondían a sus llamadas le invitaban a comer. Sin dinero, sin familia y sin un lugar donde vivir, el descubrimiento de la seductora Vanessa fue para él una salvación.

Ella, también divorciada y sin amigos, demostró un inusual altruismo acogiendo en su diminuto apartamento de alquiler al viejo empleado de banca arruinado. Él cambió el sofá de escay por una acogedora y escasa cama en la habitación de invitados. Pasada la primera semana de amigable convivencia, se trasladó a la cama principal. Ella lo recibió con contenida alegría. Los días fueron pasando llenos de dulces y arrumacos. La premiaba con flores frescas cada lunes. Ramilletes de pequeños crisantemos amarillos. Ella le compensaba con noches de amor y miel. Antes de que se cumpliera el primer aniversario de convivencia, Vanessa y el viejo banquero se casaron.

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Seguridad social - boda

Fue una ceremonia íntima, celebrada en la sala azul del edificio principal del ayuntamiento. A la boda solo asistieron unos pocos familiares de ella. Los hijos del primer matrimonio, una hermana lejana y una madre envejecida por los años de soledad. La familia del novio no se presentó. La foto de la boda se completó con un reducido grupo de amigos. Fue una mañana luminosa de agosto. Vanessa se presentó en el portal de la casa llevando un vaporoso conjunto de dos piezas beige. Una falda larga acompañada de una blusa de gasa aportaba un aspecto juvenil a la madura novia. Coronaba su cabellera rubia un delicado tocado rosa palo. Vanessa Insistió en hacerme comprender las diferencias cromáticas que existían entre el beige, el “Nude” y el rosa palo. Él apareció llevando una guayabera amarilla y pantalones de lino blanco con un pañuelo de seda marrón claro anudado al cuello. Por suerte el tráfico hasta el centro fue fluido y llegamos con antelación a la ceremonia. Los invitados ya esperaban a los maduros contrayentes en las escaleras que daban acceso a la entrada del ayuntamiento y los recibieron con aplausos y vítores contenidos.

Durante las semanas que siguieron a la boda, las muestras de amor entre ellos eran continuas. La nueva pareja mostraba en público una felicidad exultante. Se prodigaban en alabanzas, besos y abrazos. Las carantoñas llenaban las horas en el pequeño apartamento. Él disfrutaba haciendo feliz a su septena princesa. Con evidente pleitesía. Sujetaba la puerta para que ella pasara o la esperaba paciente durante las largas sesiones de probadores y compras. Mientras ella dudaba entre una blusa de color “tierra mojada” o “gris lluvia” , él la contemplaba ensimismado apostado en la entrada de los vestuarios de señoras. Ella solicitaba sus favores con una voz aterciopelada. “Mejor la “tierra mojada” ¿verdad cariño?” Los eufemismos y los colores siempre formaron parte de la idiosincrasia de Vanessa.

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Seguridad Social - ChampagneSeguridad Social-cruditesLa vida social de ambos mejoró mucho. Viejos amigos de ella volvieron y  algunos nuevos apareciendo por el apartamento. La pareja organizaba por las tardes sesiones de té con tartas. Ella misma las cocinaba. Las noches se llenaban de tertulias acompañadas con “crudités” y “champagne” que él personalmente se encargaba de escoger con esmero de entre los mejores cavas disponibles en el supermercado.

La repentina muerte del padre de Vanessa y la crisis de financiera provocada por “Lehman Bothers” lo cambió todo. El antiguo empleado de banca demostró ser un osado gestor del dinero ajeno y con el paso del tiempo acumuló arrogancia y acciones en cantidades ingentes. Vanessa se sentía orgullosa de las gestiones monetarias de su marido, haciendo caso omiso a las señales de insolencia e insolvencia. Ella disfrutaba de su seguridad social.

Un golpe de suerte me alejó de la ciudad y del feliz y exitoso matrimonio.

Pasados dos años volví a Madrid para visitar a un familiar enfermo. El sol calentaba los bancos de un pequeño jardín ubicado frente al hospital. Mi necesidad de alejarme de los hedores a enfermedad me convenció a cruzar la calle. Me tropecé con ella.  Divinas coincidencias que solo suceden en Madrid. Habían pasado solo dos años, pero Vanessa se veía más envejecida. El cabello rubio, que ella misma coronó con flores en su boda, lucia ajado y blanco marfil. La noté enfadada y después de los protocolarios saludos, se lanzó sin freno. La dejé hablar

  • ¡Cuánta razón tenías! – Noté un tono de crítica agria, pero no quise mostrar señales de asombro y esperé a que continuara la disertación – Por fin me he dado cuenta de lo malo y egoísta que es ese hombre.
  • ¡Pero qué dices! – Exclamé con un asombre algo fingido – creí que todo iba bien entre vosotros, que erais muy felices. – Me interrumpió sin detectar la ironía y continuó con su personal relato. La escuché con paciencia
  • Lo he desenmascarado. He demostrado a todos lo arrogante, incluso lo violento que es. Se ha vuelto grosero y además he descubierto que bebe – esperó unos segundos antes de continuar – ¡y lo hace a escondidas!. – calló mientras levantaba la mirada al cielo como buscando ayuda divina – Y eso no se lo puedo aceptar, ¡eso sí que no!.
  • Lo siento mucho – Dije mientras intentaba tomar asiento en uno de los bancos, la conversación tenía visos de durar y yo estaba algo cansada – Pero entonces ¿os habéis separado? – Pregunté con intención de acortar el monologo. En ese momento ella me sujetó el brazo con fuerza bloqueando el acceso al banco, yo no me resistí y sonreí amable.
  • ¡Ah no! , ¡eso sí que no! – Gritó – como comprenderás, eso no puede pasar jamás. – Afirmó con rotundidad manteniendo su mano cerrada en mi brazo, yo desistí de sentarme – Este tiene que pagar el alquiler del apartamento, yo sola no puedo cubrir gastos. ¡Faltaría más! – exclamó – Seguirá conmigo hasta que encuentre otra solución – Recordé la facilidad con la que Vanessa utilizaba los eufemismos y miré el reloj con disimulo.
  • Aunque ya no compartimos nada, ni siquiera dormimos juntos, el paga la mitad del alquiler. – Tomó aliento.
  • Bueno ahora duerme de nuevo en el cuarto de mi hija, y yo en mi cama, ya sabes, en la grande. – me dijo sonriendo.

Fue entonces cuando comenzó a hablarme del dinero, de como había invertido en bolsa la herencia de su padre, de cómo no había sabido detectar el descalabro del mercado, de cómo lo había perdido todo, de cómo los amigos dejaron de visitarla, de cómo los teatros y conciertos se apagaron – Lo he perdido todo – dijo con tristeza mientras se sentaba en el banco abatida. Yo me senté a su lado y dejé que continuara con su confesión. El sol dio paso a unas pequeñas nubes .Cuando nos despedimos me abrazó con fuerza. De vuelta al hospital giré la cabeza para mirarla y sonreí aliviada.

..Seguridad Social - Banco parque

Relato breve escrito por Merche Postigo